• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Antonio Sánchez García

La comisión de la mentira

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Solo la verdad es revolucionaria”, afirmó Antonio Gramsci. Se verifica en los hechos, en la calle, en los anhelos de nuestros jóvenes libertarios, en los cientos de miles que salieron a las calles un 11 de abril para impedir la tragedia que a su pesar lleva 12 años consumándose desde entonces. Llámenla Comisión de la Mentira, y no tendremos nada que objetar: sería una verdad del tamaño de una catedral.

Mientras el régimen y su oposición cantan albricias por disponerse a constituir una comisión de la verdad –como si nadie supiera en Venezuela quién devasta, saquea, entrega la soberanía, reprime, encarcela y asesina en este país– 57 cadáveres fueron ingresados a la morgue asesinados en el fin de semana más sangriento del año. Contribuían a elevar la cifra de homicidios del mes a 375 asesinados, con un plus de trascendencia digno de llenar no solo las páginas de sucesos, sino las de todos los editoriales del país: el cadáver irreconocible del más significativo esbirro del régimen, Eliécer Otaiza.

Anticipándose al más que improbable veredicto de la comisión que promete resultados tan concluyentes como los del Santo Tribunal de la Inquisición que condenara a Galileo Galilei por propalar la falacia heliocentrista –¡sostener que no era el Sol el que giraba en torno a la Tierra, sino la Tierra la que lo hacía en torno al Sol!– la madre de un adolescente asesinado a balazos en Petare, sin necesidad de recurrir a un sanedrín de políticos “de lado y lado” sentenció: “El caso no será resuelto. En este país no hay justicia. Señor”.

Si del cálculo somero de los más de 25.000 asesinatos ocurridos bajo el gobierno de Nicolás Maduro en 2013 más de 90% ni siquiera ha sido investigado, al igual que por lo menos 180.000 de los más de 200.000 ocurridos durante el reinado del socialismo bolivariano todavía hoy imperante, tras 3 lustros, valga decir: tras 3 gobiernos completos y sucesivos que en el pasado, por ejemplo, ocuparan Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, o Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, resulta obvio que para que esa comisión de la verdad llegara a elementales conclusiones tendría que prolongarse durante varias décadas, si no siglos. Y ello suponiendo que sus miembros fueran independientes, expertos y probos, lo que, todos lo sabemos, no fue, no es ni será el caso.

Escarbe entre comisionados “de lado y lado” en una montaña de basura –por cierto: provocada por uno de los dos grupos de escarbadores– durante el tiempo que quiera tras la búsqueda de un diamante rosado y puedo asegurarle que terminará exhausto con una sola verdad maloliente y putrefacta en sus manos vacías: escarbaba en una montaña de basura. Y así se haya comprometido usted a no revelar la verdad de la que estaba perfectamente consciente antes de entrar a formar parte de esa rimbombante “Comisión de la Verdad”: el basural es de propiedad exclusiva del bando que aceptó constituir tan inútil comisión.

Hay algo de aviesa hipocresía y de burda y cómplice obsecuencia en quienes se vanaglorian de tal “Grupo MUD-Miraflores”.
¿Necesita un venezolano mínimamente consciente de lo que sucede en su país comisionarse para saber que Simonovis, los comisarios, la jueza Afiuni, Leopoldo López y los cientos de muchachos detenidos e inculpados por la señora Ortega Díaz  –que nos diera la noche de este martes 28 de abril de 2014 por CNN una de las más bochornosas representaciones de ‘nuestra’ Justicia del Horror– son absolutamente inocentes y de que sus sufrimientos son causados con el propósito de marcar a sangre y fuego las ansias de libertad de todo un pueblo por ellos representados?

Digámoslo sin ambages para ver de frente la humillante función que Capriles, Ramos Allup, Borges, Aveledo & Cia. han optado por asumir: ¿necesitamos una comisión de la verdad para establecer fehaciente, meridiana, cartesianamente, que se dialoga con una dictadura que devasta, oprime y traiciona al país? ¿Y que ella y solo ella es responsable de los cientos de presos políticos, alguno, como Simonovis, prácticamente condenado a muerte, que escandalizan al mundo, así la misma señora Ortega Díaz tenga la insolente desfachatez de afirmar sonriente urbi et orbi que en Venezuela “no hay un solo preso político”? Dicho, por cierto, en los mismos momentos en que Aveledo se ufanaba de los avance en la conformación de la tan mentada comisión de la verdad.

“Solo la verdad es revolucionaria”, afirmó Antonio Gramsci. Se verifica en los hechos, en la calle, en los anhelos de nuestros jóvenes libertarios, de sus familias, en los cientos de miles que salieron a las calles un 11 de abril para impedir la tragedia que a su pesar lleva 12 años consumándose desde entonces. Llámenla Comisión de la Mentira, y no tendremos nada que objetar: sería una verdad del tamaño de una catedral.