• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Héctor Faúndez

Por colores

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El 16 de diciembre pasado, la mitad de los electores venezolanos han concurrido nuevamente a votar, y nuevamente han debido elegir entre distintos colores. Independientemente de que usted quisiera votar por el candidato A o el candidato B, no lo podía hacer por su nombre y apellido, sino que tenía que optar entre una amplia gama de colores que identifican a los partidos políticos que los postulaban; no a los candidatos que, por lo demás, pueden figurar en tarjetas de distintos colores. Además de políticamente inaceptable, esa circunstancia plantea dificultades prácticas nada despreciables, en términos del costo y el tamaño del tarjetón electoral, y sugiere que un mismo candidato podría tener distintos proyectos políticos.

Concluido el proceso electoral convocado para elegir gobernadores y asambleas legislativas, parece oportuno levantar nuestra voz de protesta por un tarjetón electoral que resulta chocante, que no refleja lo que se está eligiendo, que distorsiona la democracia, y que inhibe a muchos ciudadanos de participar en la elección de quienes nos van a gobernar.

Quienes aspiran a ocupar cargos de representación popular normalmente lo hacen a través de partidos políticos, porque ellos aglutinan a quienes tienen ideas afines sobre el tipo de país que queremos, y porque estos le proporcionan la organización y la maquinaria necesaria para llegar a los electores. La existencia y el funcionamiento de los partidos políticos es inherente a una democracia; es a ellos a quienes les corresponde diseñar y proponer distintas visiones del tipo de sociedad que queremos ser. Pero lo que está consagrado en la Constitución no es una democracia de partidos, en que el elegido esté secuestrado por el partido político que lo postuló, sino un sistema que permita a los ciudadanos elegir a nuestros gobernantes por nombre y apellido, en función de sus propias propuestas, de su trayectoria, y de su credibilidad.

Si hay múltiples candidatos, lo lógico es que en la papeleta electoral aparezcan sus nombres y apellidos, y nada más. El número de los partidos políticos o grupos de electores que los postularon, así como los colores que identifican a esos partidos y grupos de electores, sobran. Poco importa que el actual sistema, en que se vota por colores, sea un producto de la `cuarta’ o de la `quinta’ república; lo que cuenta es que este sistema, que convierte a los partidos políticos en oficinas de empleo, no es compatible con una sociedad democrática.

No es extraño que el PSUV esté muy satisfecho con este sistema, asociado con listas cerradas que impiden saber por quién se vota. Lo que llama la atención es que los partidos de la MUD no hayan hecho ningún planteamiento dirigido a sustituirlo por uno compatible con la Constitución y con los requerimientos de la democracia; muy por el contrario, uno de esos partidos, que sistemáticamente ha rechazado competir con una tarjeta única, que aglutine a todos los sectores de la oposición, llamó abiertamente a votar por su color; no por el candidato que representaba las aspiraciones de miles de venezolanos que no comparten el proyecto político chavista, pero que no se sienten necesariamente identificados con el proyecto político de ese partido que prefiere el voto por colores. En este sentido, un conocido periodista venezolano criticó a "aquellos partidos que con egoísmo y sectarismo apartaron a Henrique Capriles de otros apoyos políticos." Mientras tanto, como si se tratara de un país de analfabetas, ya sea con indignación o con resignación, estamos condenados a seguir votando con un sistema aberrante, que nos obliga a votar por colores y por listas de partido, sin que se sepa quiénes son los candidatos que integran esas listas.