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Pedro Llorens

El collar de la abuela

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El presidente Nicolás Maduro debiera preocuparse por aparecer menos en televisión, en cadena nacional, con el pecho lleno de patria y ser más responsable en la búsqueda de soluciones para los problemas del país: se empeña en vender las gemas del collar de la abuela para pagar el condominio.  

Lo de Citgo (Pdvsa, precio de la gasolina, etc.) no tiene nombre: Maduro convoca a consultas públicas y a Consejos de Gobierno Popular para decidir sobre la eventual privatización de lo único sano que le queda a la industria petrolera nacional (luego del asalto dojo-dojito de Pdvsa con Rafael Ramírez al frente) y al mismo tiempo pacta los detalles de las negociaciones con la firma de inversión francesa Lazard, para la venta del complejo refinador que tiene en Estados Unidos.

En las últimas semanas Citgo recibió ofertas de compra de Goldman Sach, JP Morgan y

Deutsche Bank por montos que oscilan entre 10 y 15 millardos de dólares para adquirir las refinaría de Lake Charles en Louisiana, Corpus Christi en Texas y Lemont en Illinois.

Ahora resulta que el precio de la gasolina será motivo de debate en la calle (“¡queremos debatir con el pueblo!”, dice el presidente pedeveso Ramírez con la sempiterna sonrisita de quien está consciente de que más de lo que tiene, no se le puede pedir a Dios ni a nadie (solo a Chávez y ya no está).

Ya embaucaron a los delegados al III Congreso del Psuv, al los que atribuyeron (sin que abrieran la boca) 70% de apoyo al alza de los precios del combustible… y ya deben estar listos los nuevos surtidores con los “ajustes”, no son “aumentos”, que volverán a sacudir los precios, no los sueldos, no las jubilaciones, del uno al otro confín del país.    

Mientras tanto Maduro convoca a los trabajadores organizados a cerrar filas ante lo que ha venido llamando (sin ningún éxito) Consejo de Gobierno Popular de la Clase Obrera para inaugurar una nueva etapa de la “revolución economía socialista”.

Y mas vale que no lo hubiera hecho porque al día siguiente fue salvajemente reprimida la manifestación de trabajadores de de Sidor en Ciudad Guayana (“¡nos dieron golpes y patadas hasta decir basta!” relató el obrero Rafael Gómez), lo que ha provocado una cadena de protestas en la llamada zona del hierro, quiéralo o no el Presidente, fundamental para la estabilidad de cualquier gobierno.

Hablar ante públicos embozalados, trasladados, recompensados, permite a los gobernantes mentir y creer que todos somos engatusables, y no se dan cuenta de que están cometiendo el mayor y más costoso de todos sus errores.  

pllorens@el-nacional.com