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Fernando Luis Egaña

El cliché preferido

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El sucesor, al igual que el predecesor, va condimentando las peroratas con clichés elementales que tienen sus temporadas y sus audiencias, y que le ayudan a mantener una fachada de palabrería “revolucionaria”, en medio de una depredación barbárica de todos los recursos habidos y por haber.

Uno de esos clichés es la “demolición del Estado burgués”. Estamos demoliendo el Estado burgués con el fortalecimiento de las comunas... es una de esas expresiones repetidas y formularias tan al gusto del sucesor. Lo único valedero de ese cliché es la idea de demolición. Pero no la demolición de un pretendido “Estado burgués”, sino la demolición de Venezuela.

Los clichés son típicos de los que no tienen mucha sustancia que ofrecer. En el caso de la llamada “revolución bolivarista”, los clichés son su oxigeno “ideológico”. Sin ellos, la retórica oficialista se quedaría más vacía que las arcas públicas. Y la mayoría de los clichés que repletan las declaraciones del sucesor, provienen de ese ñangarismo criollo tan oloroso a naftalina.

Pero volviendo a la demolición, esta es obvia por doquier. No sólo en el ámbito estatal, sino en cualquier otro ámbito político, económico, social o cultural de Venezuela. Y demolición sin construcción. Es decir, ruinas. Así va estando nuestro país con el paso de estos años.

Bastaría contrastar los enormes caudales de la bonanza petrolera con las menguadas realidades de la vida venezolana, para dar suficiente cuenta al respecto. Claro, Alí Rodríguez trata de maquillarlo todo con sus clichés convencionales, y otro tanto intenta Jorge Giordani. Cabello y los suyos, no parecen tener mucho tiempo o interés para esas disquisiciones. Son gente práctica y sobre todo metálica.

Maduro, en cambio, tiene unas apariencias que guardar y un predecesor que imitar. Por eso debe esforzarse mucho en el tema de los clichés. En la profusión de los mismos, no hay cambio entre el ayer y el hoy de la “revolución”, pero sí lo hay en cuanto a la capacidad persuasiva. Los clichés de Chávez podían convencer a gran parte de la población, los de Maduro, aunque sean versiones repetidas y adaptadas, no.

Los discursos oficialistas parecen todos sacados del librito de Eduardo Galeano sobre el imperialismo gringo y las venas abiertas de América Latina... Pero la práctica del oficialismo no está tan inspirada en viejos esquemas de aspiración doctrinaria, como en una obsesión insaciable de poder y petrodólares.

A Citgo no la van a vender para financiar el florecimiento del Estado comunal o para promover los proyectos de autogestión social de las comunas rojas... No. Nada que ver. La van a vender con la excusa de pagar deudas, lo que significa que se apoderarán de esos billones. Si es que la razón por la cual tenemos deudas casi impagables, es precisamente porque el oficialismo ha depredado los recursos disponibles.

La mayoría de los voceros de la hegemonía no salen de un cliché. Y algunos tienen sus clichés favoritos. “La profundización del socialismo”, por ejemplo, o “el desarrollo del socialismo productivo”, o, para volver de nuevo al cliché inicial: “la demolición del Estado burgués”.

Si toda esta tragedia llegara a prolongarse más y más, ya no quedará mucho por demoler. Y esto no es un cliché. Es la realidad.

flegana@gmail.com{is Y demolici a naftalina.e la naftalina del viejo ñan al gusto del sucesor.