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Froilán Barrios

La clase obrera llegó a Miraflores

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Así comenzó el discurso presidencial el sábado 24-05 ante centenas de obreros, funcionarios, jubilados y sindicalistas del sector público, quienes acudieron al palacio de gobierno a entregar el proyecto de Contrato Marco de la Administración Pública Nacional. La frase quizás recuerde aquel film italiano de 1971 La clase obrera va al paraíso del actor Gian María Volonté, época que fraguaba la unión de proletarios y estudiantes por una nueva sociedad sublimada con el Mayo francés; en nuestro caso el idilio puede terminar en frustración acorde con la intención de su contenido.

De entrada, el mandatario nacional pareciera honrar sus orígenes, si no fuera por la larga espera desde 2006, año de la última firma de la normativa laboral pública, para luego en memorando presidencial (2009) limitar las negociaciones colectivas, salvo autorización del presidente, lo que viola la Constitución y la Ley Orgánica del Trabajo. De esa fecha (2006) para acá, salvo excepciones en petróleo, Sidor, electricidad, telefónica, magisterio, se aprobaron contratos colectivos. Los cuales son desmantelados en cláusulas vitales como lo ha sido en el emblemático sector petrolero.

Esta política antisindical se expresa en 2013 al aprobarse 409 contratos colectivos en el sector privado y solo 39 en el “revolucionario” sector público. En lo que va de 2014 se han aprobado 82 contratos colectivos en el sector privado y solo 7 en el público. Están pendientes por la firma más de 300 contratos colectivos en gobernaciones, alcaldías, institutos autónomos, fundaciones, empresas estatales, resalta el caso Ipostel con 20 años sin renovar su contrato colectivo.

¿Que fue entonces lo que deslumbró a Nicolás Maduro para ordenar luego del Primero de Mayo la discusión atropellada de los contratos colectivos en el sector público? Nada menos que la inmensa protesta social y estudiantil que sacude al país desde el mes de febrero, ante el descalabro de su política económica, devaluaciones y derrumbe del poder adquisitivo, para de esta manera contener el descontento laboral.

El proyecto relacionado con 2.000.000 de trabajadores no fue consultado en asamblea alguna, solo conocido por los presidentes de Fedeunep y Fentrasep, descrito en los módulos siguientes: Defensa para la consolidación y defensa de la nación; Defensa para la consolidación del socialismo bolivariano a través de las milicias obreras y el trabajo voluntario; Estímulo a la práctica deportiva, recreacional y turística para el disfrute del tiempo libre; La satisfacción económica y material y la homologación salarial de la administración pública nacional con el “salario unitario”; Afianzamiento del socialismo bolivariano como alternativa al modelo neoliberal. Definitivamente, derivó en un catecismo del Plan de la Patria y en una oportunidad perdida para lograr un trabajo digno.

La operación gubernamental para desnaturalizar las relaciones de trabajo en el sector público se complementa con la creación del Banco Obrero, donde irían a parar las prestaciones sociales, cajas de ahorro administradas por el manirroto Estado y con la reforma del Estatuto de la Función Pública que garantice, en lugar del paraíso, el control absoluto de la masa laboral por el Estado comunal.

 

*Movimiento Laborista.