• Caracas (Venezuela)

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Héctor Faúndez

En la clandestinidad

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La democracia funciona sobre la base de toma de decisiones transparentes e informadas sobre cualquier asunto de interés público; sin libertad de información y sin un amplio debate público sobre los asuntos que nos conciernen a todos, no hay democracia. El secreto, la opacidad en la información, o la prensa controlada por el Estado, son la forma típica en que operan las dictaduras, al igual que los regímenes que carecen de vocación democrática y que comienzan a gobernar desde la clandestinidad, dando los pasos necesarios para consolidar un régimen totalitario. Cada vez más, Venezuela se parece precisamente a eso.La prohibición de publicar fotografías o informaciones que produzcan “alarma social”, la prohibición de informar sobre el costo que tiene para el venezolano común adquirir una divisa extranjera, la manipulación de las estadísticas oficiales para presentar un panorama muy distinto de la realidad, o la negativa del Banco Central a proporcionar oportunamente las cifras sobre la inflación, son parte de la estrategia de la opacidad que caracteriza a quienes están instalados en Miraflores, y del fraude y el engaño como política de gobierno.Poco a poco, comienza a imponerse el silencio informativo en Venezuela. Paso a paso, el gobierno ha ido copando todos los medios de comunicación social, sin que actualmente exista un solo canal de televisión que no esté controlado por el oficialismo, y sin que haya una red nacional de radioemisoras independientes. La prensa escrita, que no tiene ni la inmediatez ni el impacto de los medios radioeléctricos, también se encuentra sometida a un ataque despiadado, que no solo le niega el acceso a los recursos de la publicidad oficial sino incluso al papel para imprimir el periódico, es el último objetivo de esta embestida totalitaria. Pronto vendrán controles más estrictos sobre las redes sociales, el acceso a Internet, y el derecho de manifestar.Sin prensa libre e independiente perdemos nuestra capacidad de autogobernarnos; sin acceso a la información sobre asuntos de interés público se destruye uno de los pilares fundamentales de la democracia y se desalienta la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones. Al eliminar la prensa libre e independiente se está impidiendo que conozcamos las dimensiones de la corrupción y de la ineficiencia de quienes nos gobiernan; se está silenciando las voces disidentes, se está ocultando las dimensiones de la inseguridad que nos agobia, y se está impidiendo que sepamos cuáles son los sitios que hay que evitar para no convertirnos en víctimas de la delincuencia. Sin prensa libre florece la incompetencia y el latrocinio de los bienes públicos. Sin prensa libre, cualquier tirano puede gobernar en la clandestinidad.La libertad de información es tan vital para la democracia como para los seres humanos es el aire que respiramos. A lo largo de la historia, ninguna dictadura ha podido prevalecer en medio de un debate público franco y abierto, a través de medios de comunicación social independientes. Cualquier déspota lo sabe y, por lo tanto, tiene muy claro que su única forma de subsistir es mediante sofisticadas formas de censura que, directa o indirectamente, mantengan a los ciudadanos en la ignorancia de todo lo que es de interés público; negar el acceso del papel para periódicos es una restricción indirecta de la libertad de expresión que busca silenciar el debate político. De allí a un solo informativo, un único periódico y un pensamiento único hay solo un paso. Pero ya estábamos suficientemente advertidos; ahora queda por saber si estamos dispuestos a permitir que se gobierne y se haga política en forma clandestina, y a que se acabe con las libertades públicas.