• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

De civitate Dei (La ciudad de Dios)

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Con este título, el domingo 16 de febrero el Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas inauguró una de las muestras más importantes que hayamos visto en los últimos años en torno a la producción del maestro Miguel von Dangel.

Artista de amplia trayectoria, su obra se consolida en la década de los ochenta. Fue pilar de aquella generación que transmutó el penetrante ojo avizor de los conflictos políticos y sociales de los años setenta en estructuras donde el arte se condensó como la materia y el fundamento crítico de una reflexión humana que intentaba sobrevivir en medio del deterioro circundante.

De esta huella capital para el arte en nuestro país partirían las experiencias que transformarían las conexiones entre obra y espectador; campo de acción en el que técnicas como el ensamblaje, el collage, la mixtura de medios y la ambientación abrirían los formatos artísticos hacia un diálogo de factores compositivos en directa concordancia con las resonancias del cuerpo físico y social, variabilidad sensible de un espectador que ahora era el coprotagonista de esa materia edificada desde el hombre y para el hombre.

Con estas premisas Von Dangel ha construido en De civitate Dei un profuso nudo de circunstancias en el que la maestría en el manejo de los medios se une a la pasión por el pueblo de Petare, cartografía que lo recibió y lo albergó desde su llegada a Venezuela. En la exhibición, treinta obras de distintos formatos extienden un recorrido por las poéticas de un universo en transformación constante en el que la referencia a la convulsa ciudad de Dios de san Agustín se vuelve el epicentro desde donde parten pequeños fragmentos en comunión; asombrosas marcas que desde el gesto microscópico de la tinta, la inscripción o el color se multiplican en causas y posibilidades infinitas, códices expresivos de un lenguaje lírico, iconográfico y político que borbotea en la totalidad del espacio museográfico.

Allí, desde el mapa esencial de una comunidad en pugna, el conflicto atávico de la ciudad de Dios se eleva, trasciende los linderos de la matriz vivida por el artista y circula abrasado por la geodesia fracturada de nuestra Venezuela actual. Del mismo modo, los elementos originales de lo humano se desprenden de las páginas del citado texto para reinsertarse en los vericuetos demandantes de calles tan recientes como ancestrales, de murallas sombrías de memoria y candentes de vergüenza, plagadas de injusticia, atropellos, desmanes, mentiras e impunidad.

A la conflictiva inauguración en medio del caos le ha seguido un contacto profuso del visitante con esa historia sensorial que sobre nosotros mismos nos ha regalado este creador; una obra que –al igual que aquella empresa admirable del filósofo cristiano– impacta por la afanosa dedicación en brindar una estampa significativa sobre las vicisitudes de lo humano en medio de la barbarie, o como el propio Agustín de Hipona expresara en el prólogo de su libro: "Una larga y pesada tarea (…) para convencer a los soberbios del poder de la humildad".

Entre tanto, otros rincones de la mirada van tras la pesquisa de esos mismos valores; ventanas que se abren y resuenan en la importante crónica que el fotógrafo Roberto Mata está realizando sobre las víctimas de un abuso de poder vilmente acrecentado desde los sucesos del 12-F.