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César Pérez Vivas

El círculo vicioso del abuso y la desesperanza

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La cúpula roja cierra el año 2014 con una nueva arremetida de abuso, insulto, soberbia, y arrogancia. No otra cosa ha ocurrido con la inconstitucional designación que se ha hecho de los titulares de importantes magistraturas del Estado, a saber, Consejo Nacional Electoral, Fiscalía y Contraloría General de la República, Defensoría del Pueblo, y miembros del Tribunal Supremo de Justicia.

Una vez más los dueños del poder han burlado de manera aberrante el texto constitucional, su espíritu y razón de ser. Apelando a burdos argumentos, a interpretaciones acomodaticias e insultantes, por lo grotescas de las mismas; han dedicado estos días a confiscar, de una forma descarada, magistraturas que deben estar en manos de ciudadanos alejados del activismo político, con cualidades éticas, académicas y ciudadanas, reconocidas por el conjunto de la sociedad; y no impuestos a ofensa limpia, por quienes en ejercicio de una limitada mayoría, han decidido pasar por encima de la normativa establecida en la carta magna, para la designación de tan elevadas dignidades.

La exigencia de mayoría calificada, y no de mayoría absoluta, se ha establecido precisamente, para impedir que un grupo político imponga magistraturas para acumular poder. Se trata de una exigencia constitucional que busca lograr consensos en los grupos parlamentarios para que  se esmeren en designar ciudadanos merecedores de una confianza general, y no sumisión a los intereses de un sector político, que por su mismo proceder envilece de manera total el ejercicio de tan importantes funciones públicas.

Para ser claro, no esperaba otro comportamiento de quienes gobiernan. No podemos esperar de Maduro y Cabello un comportamiento apegado a la Constitución, pues ellos son alumnos de la escuela del cuartelazo y de la arbitrariedad. No podíamos esperar civilismo constitucionalista de quienes promueven el militarismo soberbio e insultante.

La cúpula roja, al desarrollar su habitual conducta insurreccional e ilegal, busca además, dividir y desalentar a millones de venezolanos, a quienes  nos irrita tan brutal comportamiento.

Todo este proceder busca quebrar la resistencia espiritual y política de nuestro pueblo frente al neoautoritarismo. Busca, además, apelando a la vieja escuela maquiavélica, dividir a quienes hacemos esa resistencia.

Con los actos de selección de las magistraturas citadas, el régimen, busca lograr un doble efecto. Mantener un sumiso y acrítico control sobre todas las ramas del poder, y llenar de desaliento a una ciudadanía que durante un largo periodo resiste tan abusiva y depredadora conducta.

Con la estrategia del abuso han logrado ya significativos objetivos políticos. El más importante, alentar la abstención de ciudadanos contrarios a su modelo político en los procesos electorales. La no participación en las elecciones parlamentarias de 2005, la entrega de gobernaciones y alcaldías, producto del retiro de las urnas electorales de grandes contingentes democráticos de nuestros ciudadanos, facilitó el control por más tiempo de más instrumentos del poder del Estado.

Con motivo del reciente asalto a las magistraturas, valiéndose de torcidas interpretaciones del texto constitucional, vuelve a repetirse el círculo vicioso del abuso y de la desilusión. De inmediato saltan a la opinión pública, en medios de comunicación, en redes sociales y en tertulias ciudadanas, los promotores de la abstención y de la no participación política. Los que expresan que la solución a tamaño desaguisado no es la política, sino la guerra.

Pareciera que quienes promueven tan nefasto comportamiento no han aprendido la lección de los últimos años y quieren reincidir en promover una conducta que solo favorece la continuidad el régimen.

En estos tiempos, cuando el pueblo venezolano, sobre todo los sectores que habían respaldado con su voto y su acción política “la revolución”, empieza a expresar su descontento y a rechazar el modelo socialista surgen de nuevo los promotores de la abstención como los guías de una solución que solo nos entierra más en la autocracia y en la pobreza.

Hoy más que nunca estamos obligados a romper el círculo viciosos del abuso y la desesperanza. Al contrario, frente al soberbio abuso rojo, nuestra respuesta debe ser más civilidad, más democracia, más y masiva participación electoral. Solo con un aluvión de votos castigaremos tanta insolencia e indecencia en el ejercicio del poder.