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Eli Bravo

El cheque más valioso

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Inspirulina

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Soy afortunado. Casi todos los días deposito un cheque en mi cuenta, lo que me hace muy feliz. Quienes los emiten suelen ser personas que no conozco personalmente, pero en estos tiempos digitales y superconectados, esto jamás ha sido problema. A cada uno de ellos le estoy profundamente agradecido. Sus regalos llegan en divisas que no son canjeables en el mercado (aunque para mí valen oro) y sin llevar una cuenta exacta mi estimado es que soy millonario.

Estos cheques llegan por diferentes vías. E-mail, comentarios en redes sociales, llamadas o encuentros casuales. Por lo general, vienen firmados con una sonrisa o, mejor aún, con un abrazo. En ocasiones, tanta generosidad me causa cierto sonrojo, pero he descubierto que así como debemos dar, también debemos aprender a recibir. ¿Y qué hago con esta fortuna? Escribo mis cheques para otras personas, pues he comprobado que mantener la energía en circulación incrementa nuestra prosperidad.

Todos ellos me entregan sus cheques por algo que han escuchado, leído o experimentado por mi trabajo. De verdad, no puedo imaginar mejor pago. Lo que posiblemente estas personas no saben es que sus gestos llenan de sentido lo que hago. Verás: para alguien que se define como un comunicador nada es más importante que establecer relaciones, y si estas son enriquecedoras para todos, el círculo es no solo virtuoso. También es sabroso.

¿Crees que soy del 1%? Nada más equivocado. La riqueza de la que te hablo está mucho mejor distribuida de lo que piensas. Seguro tú también recibes muchos cheques cada semana. ¿Que no los has visto? Si no afinas la atención podría suceder que te los entregan, pero los dejas caer al piso. Tómalos y dales su justo valor; no te dejes engañar por las apariencias. Por último, recuerda depositarlos con un talonario de agradecimiento para reinvertirlos 100%.

¿Que con esto no haces mercado? Sí y no. Convertir esta riqueza en material contante y sonante requiere de otras matemáticas. Es cierto que la tasa de cambio no permite canjear este pago emocional por un auto o la renta del mes (así son los intangibles), pero sí alcanza para llenar el pozo de la contentura.

Aprender a valorar los intangibles me ha permitido disfrutar mucho más el trabajo diario. Te confieso: en la vida he tenido etapas más lucrativas (si hablamos de dinero en el banco); sin embargo, ninguna ha estado tan llena de la riqueza que la gente me extiende y que intento devolver en cada oportunidad. Además, sé que toda siembra toma su tiempo y se acerca el momento de cosechar: así como veo una curva ascendente en los indicadores de satisfacción, pronostico una correlación positiva en los ingresos económicos derivados (si me permiten el fraseo pseudofinanciero).

Es decir: trabajo todos los días en lo que me gusta porque me gusta y vivo de ello y espero vivir cada vez mejor. Pero al final de la semana nada es más valioso que ese cheque de amor que llega para recordarme que tanto esfuerzo ha servido a alguien, para algo, de alguna forma.

Yo sé que tú también dejas con tu trabajo cosas buenas a muchas personas y que producto de ello estás recibiendo un pago intangible. ¿Estás recogiendo tus cheques o los dejas tirados en el piso?

Lleva tu balance de manera integral. La chequera emocional es tan importante como la cuenta corriente. Si le das su justo valor sumarás varios ceros a la derecha, pero recuerda: no es para aguantarlos en el bolsillo (o el corazón). Esa riqueza es para soltarla agradeciendo por todo lo recibido. Y así hay cada vez más, para todos.