El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Pedro Llorens

Las cheerleaders en el camión de Chávez

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El apellido de la vicepresidente del Consejo Nacional Electoral, Oblitas, sugiere un apodo cariñoso y un diminutivo de obleas (en este caso sería obleítas): galletas pequeñas, planas y rellenas de crema, como las promocionadas con el nombre de Oreo... pero nada menos cremoso que Sandrita (Sandra se llama), aunque sí es bastante galletera o galletosa, según la versión que la revista humorística La Pava Macha (12 de junio 1963) daba a la actuación del entonces candidato presidencial Raúl Leoni: "¡Qué doctor tan galletero, qué doctor tan galletoso, no hay vez que mueva ese pico que no se vuelva un enredo!".

La Oblitas puede ser tan engalletada como Leoni, pero nunca llegará a ser humilde como el hombre que soportaba los insultos de cuñados durante las partidas de dominó que se jugaban en el hato familiar de Puedpa (Bolívar)... cuando en medio de una discusión exigió respeto para su investidura, un cuñado le advirtió que "no merece respeto el que se deja ahorcar la cochina, así sea Presidente".

En su condición de "vice", o sea "en vez de" o que "hace las veces de", lo que no deja de sonar a transitorio, a suplencia, a Elías Jaua o a José Vicente Rangel (en este gobierno a jefe de camareros), se atrevió a sugerir que el candidato de la oposición "pretende victimizarse ante una eventual sanción", con una imparcialidad digna del dueño de ese corazoncito tipo costurero, con la bandera de Venezuela y una estrellita, identificado como "Corazón de mi Patria".

Y a propósito de los alegatos de la oposición en contra de la prohibición de la cachucha de Capriles, Oblitas advirtió muy fufurufa (persona con gustos propios de clases sociales acomodadas) que "le corresponde exclusivamente al Poder Electoral determinar qué constituye una violación a la ley y no a los comandos partidistas".

Quizá la segunda a bordo en el CNE, con cargo de nada menos que de rectora, aspire a mayor poder y, a la hora de pedirlo se chivea (mexicanismo por avergonzar), que no es lo mismo que chiviar (colombianismo por dar primicia) ni que chivatear (delatar, acusar), aunque esto se parece más a lo suyo porque generalmente el "acuseta cara e´pantaleta", así le dicen los niños, busca una recompensa, un reconocimiento, una palmada en la espalda, un plus, una medalla o una ovación.

O tal vez prefiera despojarse de su condición de árbitro, juez, mediador y mojarse en la contienda electoral, aunque termine de cheerleader de Chávez, en un camión, como Cilia Flores, Maripili Hernández, Jacqueline Faría y otras enchufadas en el proceso.

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