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Pedro Llorens

El chavismo maquiavélico

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Corazón de mi Pueblo mandó como príncipe, gobernó como regenteado (de Fidel, de Raúl y de la revolución cubana) y se expresó como plebeyo... y sin embargo su vida, su escasa obra y su más esperada que anunciada muerte, podrían llevarlo a formar parte (por asociación) de la legión de personajes que han contribuido a configurar Estados cuestionados por carentes de moral a lo largo de la historia.

Nicolás Maquiavelo, a 500 años de distancia (El Príncipe, 1513) aseguraba que cuando muere un jefe de Estado que gobierna con "individuos que, permanecen siendo súbditos bien humildes... a los que muda y coloca en nuevo puesto a su antojo", sus herederos tienen posibilidad de subsistir "porque en su provincia no hay ninguno que reconozca a otro más que a él como superior... y si se obedece a otro es porque es empleado del príncipe... así que no quedará cosa ninguna temible más que la familia...".

No en balde la obra de este político, filósofo, jurista, escritor, diplomático, maestro de organización militar y malicioso autor teatral, constituye –junto con el Contrato Social de Rousseau y El espíritu de las leyes de Montesquieu– el inicio de la moderna ciencia política, capaz de caracterizar (con alta dosis de cinismo) el problema del poder en sus distintas formas.

A los Corazón de mi Patria de los últimos 500 años les dejó consejos que dejaron patitieso al propio Napoleón Bonaparte (1746-1785), como este que parece inspirado por Jorge Giordani: "Hablando con verdad, no hay medio ninguno más seguro para conservar semejantes Estados que el de arruinarlos... el que se hace señor de una ciudad acostumbrada a vivir libre y no descompone su régimen debe contar con ser derrocado".

Napoleón, que se tomó la molestia de comentar (al margen) una a una las ideas contenidas en El Príncipe escribió: "Puede hacerse esto a la letra de muchos modos sin destruirlos, mudando, sin embargo, su constitución".
Corazón de mi Patria y sus regentes cubanos tardaron quince años en arruinar el país, pero lo lograron y se empeñan en seguirlo
haciendo (si ganan) aún peor.

Sobre muertos. Un generoso lector me informa que un texto citado por mi hace algunas semanas: "No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía", pertenece al escritor colombiano Antonio Muñoz Feijoo (Popayán 1851-1890) y debe tener razón, aunque algunos lo atribuyen al sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y al limeño Ricardo Palma (1833-1919).