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Alexis Alzuru

El chavismo antimadurista ¿votará por el cambio?

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Tomarle el pulso a lo que ocurre en el chavismo permitirá que la transición se active con la próxima Asamblea. Pues ese pueblo está en ebullición. Los datos indican que los chavistas antimaduristas superan a los que lo apoyan; mientras que los moderados duplican a los radicales. Además, esa militancia entiende que la corrección de su modelo es una obligación antes que una necesidad. Ahora bien, que muchos se reconozcan decepcionados y desmoralizados no significa que desecharán sus creencias, tampoco sugiere que se inscribirán en alguno de los partidos de la oposición o que masivamente votarán por la MUD. Su descontento no habla de traición a sus convicciones sino del malestar que comparten con cualquier ciudadano por la situación en la que está la nación.

Son demasiados los indicios que dejan inferir que el chavista está ganado para apoyar una transición sin la dupla Maduro-Cabello. ¿Por qué no pensar que la militancia del PSUV desea votar a favor de lo que considera importante para Venezuela y sus vidas? Tratar de evangelizar al psuvista desilusionado parece un error. Otro asunto es convocarlo a pactar la reconstrucción de la república.

Quizá para comprometerse con el cambio el chavista espera algo más que una invitación para castigar al presidente. Por cierto, ¿no es una agresión solicitarle a un militante que abandone sus ideas por lo mal que sus jefes administran el gobierno? Después del fracaso de G. W. Bush los republicanos no se pasaron a las filas demócratas ni se convirtieron al comunismo. A la libertad no hay que temerle: lo que debe repudiarse es el fanatismo doctrinario, no la libertad de pensar ni de elegir.

Hay que establecer la comunicación con el elector chavista sobre la base del respeto a la libertad de pensamiento. En particular, habrá que reconocerle que tiene el derecho a luchar por una sociedad donde la equidad tenga un lugar privilegiado; de la misma manera que sus adversarios poseen el derecho de defender el carácter innegociable de las libertades individuales.

Que la igualdad no autoriza conculcar libertades y someter a los ciudadanos es tan cierto como la opinión de que en nombre de la libertad no se puede tolerar la exclusión y el empobrecimiento de amplios sectores populares. Tal vez, haya que atreverse a modificar el contenido del debate y de la publicidad política no sólo para captar el voto chavista sino para emocionar al independiente y a los que aun identificados con la MUD reconocen que están deprimidos y perdiendo sus esperanzas. El cambio comienza por dejar de tratar al ciudadano como un conejo de laboratorio al que se le ofrece una zanahoria para conducirlo hacia las metas que algunos desean.

Por lo demás, colocar la autonomía de la persona como eje de la relación con el chavismo permitirá hablarle al electorado opositor con sinceridad no con triunfalismo; en especial, al votante que se radicalizó por distintos motivos. Por ejemplo, ayudará a explicarles que la transparencia de las parlamentarias y sus resultados dependerá más de la actitud que algunos oficialistas asuman el día de las elecciones que del acuerdo propuesto por Maduro sobre los resultados o que del monitoreo que realicen la MUD y los observadores internacionales.

Que algún número de militares, gobernadores, alcaldes, directivos del Estado y dirigentes sociales, no movilicen la maquinaria ilegal y para-estatal que estarían obligados a operar el 6 de diciembre es clave para tener una Asamblea con poder real. Que ese día un sector del chavismo realice una huelga de brazos caídos marcará la diferencia entre un parlamento con una mayoría opositora sin capacidad de decisión y aquel escenario que por su amplitud ideológica y voluntad mayoritaria negociará la renovación de la democracia.

Reconocer la autonomía del elector sumará más voluntades a favor del cambio que llamar a vengarse. Pedirle a un socialista, chavista, conservador o liberal que renuncie a sus creencias es una afrenta, no un gesto de consideración ni una invitación a cooperar. Que no se requiere simpatizar con la derecha o con la izquierda para acordar la reconstrucción de Venezuela es un asunto que aun cuando pareciera irrelevante debería ocupar un lugar central en la campaña.