• Caracas (Venezuela)

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Me rehúso a creer que 7,5 millones de venezolanos son marionetas sin capacidad de raciocinio. Me rehúso a creer que 7,5 millones de venezolanos viven ajenos a los atropellos de un gobierno ilegítimo. Me rehusó a creer que 7,5 millones de venezolanos genuinamente creen en un régimen que coarta sus libertades. Me rehúso a creer que los miles de asesinatos y secuestros que ocurren en el país sólo afectan a una mitad de la población. Me rehúso a creer que la Fuerza Armada de Venezuela no siente frustración y humillación ante la embestida cubana sobre la soberanía de la nación. Me rehúso a creer que Henrique Capriles Radonski perdió el voto popular este pasado 14 de abril.

El resultado dictado por el CNE dándole la victoria a Nicolás Maduro es el indicativo más contundente de que el chavismo sin Chávez no existe. Poniendo a un lado el innegable ventajismo oficial y sus innumerables atropellos y vagabunderías, la diferencia porcentual del 7 de octubre se vio reducida prácticamente a cero. Un proyecto político sólido y tenaz no pierde apoyo vertiginosamente como lo hizo el chavismo en un lapso tan corto. Sin su fundador, el chavismo se ve reducido a lo que siempre fue, un fracasado proyecto político sostenido por el culto a la personalidad.

El 14 de abril nos tiene que servir de recordatorio: “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Mientras sigamos yendo de rodillas a unas elecciones fraudulentas, la oposición no va a ganar. Capriles condujo una campaña admirable. Se salió a votar masivamente. La sociedad civil se movilizó a resguardar su voto. Sin embargo, mismo árbitro, mismo resultado. Era de esperarse.

No debemos empecinarnos en ver el sufragio como la única salida democrática y constitucional a la crisis que atravesamos. ¿Cuántas derrotas electorales son suficientes para aceptar que nos están jugando sucio? En Venezuela no existen poderes independientes ni un Estado de Derecho. Los llamados “observadores internacionales” no han hecho otra cosa que avalar el resquebrajamiento de la democracia venezolana. Los gobiernos latinoamericanos prefieren callar ante las injusticias que suceden en nuestro país. No esperemos que desde el balcón del CNE se anuncien resultados distintos de los que ya estamos acostumbrados.

Al final, el tribunalque enjuicie a este Gobierno será su gente. Yo sí creo que llegará el momentocuando el pueblo venezolano le cobre a este Gobierno de facto todas lasinjurias que ha sufrido bajo su mando. Yo sí creo en la capacidad de losvenezolanos de reclamar y subordinarse ante la opresión. Yo sí creo en lafortaleza y convicción de nuestra gente. Yo sí creo en una Fuerza Armadasoberna, defensora de la democracia y la nación. Yo sí creo en la victoria deHenrique Capriles Radonski. Yo sí creo en Venezuela