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Ildemaro Torres

Que cese el mal

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Por no bastarles el daño ya hecho a nuestro mundo agrícola, pecuario y minero; al ámbito cultural y de la educación, y contra la economía, ahora la brutalidad cuartelera se  ensaña contra el área de la salud pública, agrediendo a los médicos, a las facultades de Medicina de las cuales egresaron y a los programas que han sido base de su reconocida formación.

Años atrás un militar de petulante ignorancia en papel de presidente, con sus subalternos bajo el flamante nombre de Comité Interinstitucional del Programa Nacional de Formación en Medicina Integral Comunitaria, sin consulta alguna a especialistas en educación médica con experiencia en la docencia clínica; y sin un estudio de la factibilidad real de utilizar los hospitales en funciones docentes, inventó una red de educación superior paralela, poniendo en marcha en forma ilegal carreras con planes de estudio sin acreditación por el Consejo Nacional de Universidades. Ante la aplicación de esos programas que el Ejecutivo decía eran para “la formación de profesionales y técnicos en salud”, un apreciable número de profesores de Medicina, Farmacia y Odontología, y de investigadores en el área social, dio a conocer sus objeciones.

En la elaboración de esos “programas” fue determinante la intervención de la misión médica cubana, igual que en su mayoría los encargados de dictarlos eran miembros de la mencionada misión.

El haber sido excluidas universidades como la UCV, la ULA, LUZ, entre otras en las que se estudian carreras acreditadas por las instancias establecidas en la Ley de Universidades, viola el artículo 87 de la Constitución. Una decisión de gravedad creciente si se tiene en cuenta la asignación de miles de esos alumnos a hospitales, sin estar capacitados para cumplir con los requerimientos de calidad pautados para las profesiones de la salud.

Lo mostrado en estos días por la prensa nacional, es evidencia concreta de cuán poco se ha avanzado en tanto tiempo y con tan ostentosa verborrea, en la organización, el equipamiento y ejercicio benéfico a la población en cuanto a salubridad pública; o concluir tras un análisis más detallado, que sí ha habido cambios pero hacia peor. Un artículo sobre los llamados “médicos integrales comunitarios” recuerda que no fueron formados en las aulas universitarias tradicionales, y que al graduarse en 2011 se anunció que miles de ellos harían posgrados y suplirían las vacantes en los hospitales; en tres años casi nadie pudo hacerlo; para propiciar esa incorporación la Asamblea Nacional modificó la Ley de Ejercicio de la Medicina poco antes de ellos egresar.

Otra nota: “Sólo 43 médicos integrales cursan posgrados clínicos”, dato del 2014 revelador de que sólo ese grupo equivalente a 6,35 % de los 8.208 graduados fue admitido para dichos estudios.

También: “Contratan a médicos integrales sin concurso de credenciales”, violación de artículos de la Constitución. Ministerio de Salud incurso en una irregularidad administrativa al contratarlos sin tener los fondos para ello en el presupuesto. Acerca del desempeño de ellos hay registros de sus evaluaciones negativas.

La formación de un estudiante debe ser integral, en una época en la que se espera que el egresado además de tener la información curricular, cultive la reflexión crítica y conozca los aspectos que conforman la vida del país, unido a un sentido de universalidad. Pero padecemos un régimen que adversa el conocimiento como tal, que fomenta el asalto de las instituciones universitarias y la destrucción sistemática de cuanto represente valores éticos, académicos, culturales y de dignidad. Mantengamos celosamente la calidad asistencial a la población, proporcionada por un personal con una adecuada preparación.