• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rodolfo Izaguirre

¡No cerró los ojos!

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando preguntó al coreógrafo norteamericano Merce Cunningham (1919-2009) por su amistad con el músico John Cage (1912-1992) la periodista hizo un esfuerzo para envolver la pregunta en papel de seda a fin de no obligarse a decir que lo que quería saber eran las circunstancias que rodeaban la amistad muy particular entre ambos artistas. Una ridícula moral abruma siempre esta clase de pregunta que tanto incomoda a quien la formula. Cunningham la miró de frente y dijo: ¡Mire! ¡Se lo haré más fácil: él cocina y yo lavo los platos!

Después de finalizada la actuación y durante la cena ofrecida a los bailarines, una dama encopetada sentada al lado del director de la compañía de ballet preguntó con maliciosa ironía: ¿Usted también es bailarín? Con abierta sonrisa el director respondió: ¡No, señora! ¡Bailarín no soy; pero marico, sí!

En 1982, Sidney Lumet realizó Deathtrap (Trampa mortal), una historia de plagio literario entre Michael Caine y Christopher Reeve. En un determinado momento, se besan obligados por el guión. Puedo garantizar, declaró Michael Caine en rueda de prensa, que Christopher Reeve no es homosexual. ¡Cuando nos besamos no cerró los ojos!

Lo dijo posiblemente para proteger la reputación de aquel Superman que acabó su vida cuadrapléjico por la fatal caída de un caballo: pero abrirlos o cerrarlos en las circunstancias de un beso es lo que atormenta todavía hoy al venezolano y, también, desde luego a nuestros políticos si consideramos las vacilaciones, remilgos y blandenguerías de los candidatos presidenciales cualquiera que sea el partido que lideran cuando se les pide su opinión sobre el aborto y el matrimonio gay: ¡que son asuntos de consulta popular! ¡Que son temas delicados difíciles de resolver de inmediato! No se atreven a ir más allá de idioteces y vaguedades temerosos de perder votos si expresan claramente su posición a favor o en contra: más de lo último, en todo caso. Revelan pacatería y atraso y con ellos van los jueces, el país y la Iglesia, aunque el papa Francisco intente algún difícil asomo de modernidad. Extiendo estas reflexiones en el invalorable libro colectivo: Nuevas ideas para viejos problemas, 2013, editado por la Fundación Venezuela Positiva que honorablemente preside Heraclio Atencio Bello.

En el colegio en el que estudiaron mis hijos, un instituto de mucha altura pedagógica que recibía a los hijos de los más destacados intelectuales, su directora, agobiada, me confesó que confrontaba problemas con las clases de educación sexual. ¡Siempre el Ministerio de Educación entorpeciéndolo todo!, exclamé. ¡No!, dijo. ¡No es el ministerio, son los padres los que se quejan! Es decir, que aquellos intelectuales, dirigentes políticos muchos de ellos, mostraban más oscuridad que el sector más sombrío de la iglesia más oscura. Les aterraba que sus hijos o hijas exploraran y aprendieran a conocer su sexo. Muchos amigos de mis hijos terminaban refugiándose en mi casa huyendo de la intolerancia de sus padres: unos tipos simpáticos, amigos de tragos y avances políticos pero dinosaurios frente a los hijos que querían ser bailarines o asomaban debilidades o parpadeos en su virilidad.  

Bajo el castrocomunismo y el primitivismo de sus diputados en la Asamblea Nacional, el país no avanzará mucho y en estos asuntos tardaremos en seguir el ejemplo de Argentina o de Uruguay, que consagraron el matrimonio y la adopción entre homosexuales y aceptaron ese nuevo concepto de familia que sustituye el “tú y yo” por un “nosotros” que desterrará para siempre respuestas de malintencionado humor y permitirá al venezolano cerrar los ojos si consiente en recibir un beso como el que Michael Caine le dio a Christopher Reeve en Trampa mortal.