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Nicolás Bianco

El cenáculo antiuniversitario

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En enero de 1827, el claustro universitario de la Real y Pontificia Universidad de Caracas brindó en el paraninfo de su sede, en el centro de la capital, un sentido e histórico homenaje al Libertador Simón Bolívar. Seis meses de intenso trabajo de los integrantes del claustro, coordinados por el doctor José María Vargas, quien sería nuestro primer y brillante rector, le permitirían al padre de la patria, en junio de ese año, sembrar por primera vez en el ámbito latinoamericano la autonomía universitaria plena, y definir la misión superior de la Universidad de Caracas en su etapa republicana, en cuanto a crear, asimilar y difundir el nuevo conocimiento, mediante la investigación científica y humanística y la óptima y diversa formación de recursos humanos prestos a fundar las bases de una Venezuela plural, civilista, democrática y con visión de futuro.

A lo largo de este apasionante y complejo devenir siempre ha estado presente, más que un adversario, un poderoso enemigo de la universidad. Es la antiuniversidad. Definida por el diseño y los ejecutores de acciones que obstaculizan y pretenden destruir sistemáticamente las bases institucionales y operativas de la universidad. La antiuniversidad conspira desde extramuros y/o desde el propio seno de la Alma Máter. Obedece a diversos formatos: el allanamiento, la intervención y el cierre de sus instalaciones, a más de la subversión interna que pretende impedir los imprescindibles procesos de innovación y cambios significativos de los paradigmas institucionales.

Más aún, debemos alertar que la UCV y las universidades democráticas de hoy afrontan la etapa más lesiva de toda su historia republicana. El cenáculo antiuniversitario se ha nutrido del testaferro internacional, que asesora en la elaboración de leyes como la LOE, la mediocre LEU o formatos tipo programas nacionales de formación destinados a controlar y debilitar todo el sector universitario.

Por otra parte, están los conversos, a menudo pertenecientes a la nómina universitaria, que aprueban la asfixia presupuestaria, la difamación a escala legislativa o la maniobra electorera en el Poder Judicial, y, finalmente, el comando terrorista que atenta letalmente contra la comunidad o el patrimonio de la universidad; baste como ejemplo la mortífera combinación del niple en una “caja sonora” que fue empleada hace unos pocos días, en el ataque número 55 en contra de la UCV, y que hirió a 2 de nuestras estudiantes.

La respuesta en estos cuatro años y seis meses ha sido nuestra irreductible defensa de la autonomía. Entre todo el sector universitario democrático, hemos impedido la siembra del fraude del “Estado docente socialista”.

Simultáneamente, hemos cumplido con la familia venezolana promoviendo la inserción de la UCV en el siglo XXI. Recientes logros lo reafirman: 4.700 graduados de los 381 posgrados; el nuevo currículo por competencias de la Escuela Razetti de la Facultad de Medicina; la instalación de las unidades ucevistas de educación a distancia en las sedes de los Estudios Universitarios Supervisados (EUS), la Videoteca Margot Benacerraf I en la Escuela de Artes, y la aplicación por primera vez en Venezuela del diagnóstico académico en cualquiera de nuestras instancias para optimizar, corregir o innovar.

Convoco a la resistencia universitaria a activarse, sin protagonismos o vacilaciones, apegados al espíritu unitario, que preserve y expanda la UCV plural y democrática.