• Caracas (Venezuela)

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Manuel Aguilera

La otra cara de la doble de Chávez

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¿Se imagina que un día mirándose al espejo descubre que su rostro es casi idéntico al de un tirano de fama mundial? Eso debió sentir en algún momento una señora venezolana cuyos rasgos se asemejan de manera increíble a los del fallecido Hugo Chávez. 

Hasta aquí no pasaría nada si la mujer hubiera sufrido en silencio (como se decía en un famoso anuncio televisivo español de una pomada contra las hemorroides) su fatal destino en la intimidad del hogar, saliendo al exterior lo justo y necesario. Aun en el caso de ser chavista no creo que sintiera la necesidad de pasear esa cara tan poco agraciada por las calles de cualquier ciudad venezolana. Parece ser que la señora no midió las consecuencias y un día acudió a una playa a broncearse y refrescarse. Algún gracioso le hizo una fotografía. No se sabe cómo, pero la instantánea llegó a las redes sociales y ahora la doble femenina del comandante bolivariano se ha convertido en Trending Topic mundial. 

Burla y rechifla en las redes sociales por un lado y todos los portales de información, radios y televisiones haciéndose eco del sorprendente parecido. Los comentarios irónicos en Facebook y Twitter han dejado secos los videos de famosos lanzándose agua por encima de sus cabezas. 

Una vez hechos los chistes necesarios y dejando de lado que ahora sí –maldita la gracia– la señora no puede ni debe pisar la calle gracias a este huracán de fama improvisada, me he acordado de los visionarios que aseguraron hace tiempo que las redes sociales sustituirían a los medios de comunicación. 

La legión de reporteros ciudadanos improvisados igual te envían un video de protestas en el mundo árabe y abren las puertas a un cambio político que convierten una foto de una pobre señora que se parece a Chávez en la imagen del verano. Está claro que las redes sociales son capaces de lo mejor y lo peor que a los medios –en este caso– nos toca ser los policías de Twitter, Facebook, Youtube… 

Se necesitan ojos y manos, conocimientos éticos y legales, criterio profesional y experiencia. Nosotros, las marcas periodísticas forjadas con los años, somos lo que debemos separar el grano de la paja y, sobre todo, de la mala hierba.

No está mal una imagen que nos haga reír o un video manipulado como diversión, pero no podemos presentar cualquier tontería urdida por un adolescente desocupado como si fuera un documento exclusivo y de trascendencia. 

La información debe ser procesada y verificada, pero no en la forma en que los regímenes del socialismo del siglo XXI están proponiendo (el último ejemplo es Ecuador), utilizando la excusa del servicio público para implantar la censura previa y, lo que es peor, la autocensura de unos periodistas atemorizados. Gracias al buen hacer de los medios, los grupos terroristas y su propaganda tienen otra barrera que saltar. Estaremos de frente para contar sus mensajes y amenazas tal y cómo son, además de frenar su violencia indiscriminada en forma de video viral.

*Director del Diario Las Américas