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Ana María Matute

Por cándidos e inocentes

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Sí, el tema es el mismo. Es que esto de tener la libertad de decir lo que pienso es una oportunidad que no se debe desperdiciar en estos tiempos. Por más que haya tenido la pesadilla de que trabajo en el Granma.

El episodio “Carvajal” es un capítulo en la novela venezolana de esos que se filman en exteriores, con los mejores recursos para subir el rating. Entre esos recursos se incluyen a actores invitados, de esos que son famosísimos y de otros que no tanto. 

Lo que impresiona de este capítulo es el turn of events como dirían los gringos de una de sus series que tanto nos gustan. Como estudié Audiovisual, pero lo que hago es escribir, lo veo como si fuera un libreto extraordinario. 

Sin embargo, a mí no me sorprende tanto. En resumen, el malo terminó siendo bueno, el vivo terminó siendo el más cándido y el bonito terminó siendo feo. 

Lo más llamativo para mí: el vivo terminó siendo cándido. Yo estaba sentada en la sala con mi madre leyendo el Twitter cuando me enteré de la noticia. La DEA al fin lo hizo, lo estaban cazando, lo desplumaron y lo cocinaron. Mi mamá empezó con el cuento de que lo iban a soltar pronto, y yo que no, que imposible, que se lo llevaban, que estaba frito.

Aquí es cuando el bonito se pone feo: el primer mundo (porque querámoslo o no, esa isla es parte del primer mundo) volteó la vista hacia nosotros y cambió de parecer. ¿Y las reglas? ¿Y el Derecho Internacional? ¿Y la diplomacia? Y entonces el cazador resultó cazado.

Fue cuando la realidad me golpeó la cara. Pero ¿de qué diplomacia, de qué reglas, de qué derecho internacional hablamos? Eso es como jugar béisbol y que cada equipo tenga sus reglas. No nos damos cuenta de que lo que prevalece en esta parte del mundo, entre los países del ALBA, de la Unasur, de Petrocaribe o de lo que quieran, lo que prevalece es la diplomacia petrolera, con sus propias reglas, con sus propias leyes. Entonces es cuando el trámite de un exequátur se traduce en inmunidad. De la noche a la mañana lo que entendíamos que era, no es.

Sí, sé que estoy corriendo el riesgo de que piensen que estoy plagiando a Lewis Carrol, pero el país de las maravillas es para ciertos pollos, no para todos. 

Y entonces viene el gran país del norte, el más vivo de los vivos, y reclama. Pero ¿qué va a reclamar? Si obviamente no están jugando con las mismas reglas. La cosa no es tan obvia como que no están jugando el mismo juego. Es tan truculenta que se trata del mismo juego internacional, pero con otras reglas. Y el gran país del norte no entiende eso porque con esta parte del mundo pretende jugar según el librito. 

Ya vieron que el bonito, aquel país hermoso, de monarquía y demás, de repente aprendió a jugar a lo caribe, a caribear, pues. La regla de la diplomacia petrolera es eso, si me das te quito, yo tengo algo que tú necesitas, y si no haces lo que te digo, te quedas sin ello. 

Los expertos en ciencias políticas deberían ponerse a estudiar esto con seriedad. Poner en el papel cómo escándalos de este tipo por estos lados del planeta se resuelven de una manera completamente diferente. Ya no solo es una dictadura electoral, sino que es un derecho internacional y una diplomacia petrolera. Yo escribiría un libro. 

Por lo pronto, voy a comprarme un pasaje para Holanda. Se me venció el pasaporte, pero ya me tomaron hasta la foto para el nuevo. Voy a irme al aeropuerto con el papelito en donde consta que estoy en trámites y con el pasaporte viejo. Eso debe servirme para salir del país, igual que el exequátur aquel, aunque no soy pollo.