• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Esas cancioncitas navideñas

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Si mal no recuerdo, desde que era niño, cada diciembre las radiodifusoras repiten las mismas canciones navideñas. Qué manía. Hay tres principales en el cancionero venezolano. “Yo no olvido el año viejo”. “El burrito sabanero” y “Faltan cinco pa’ las doce”. Todas las emisoras parecen ponerse de acuerdo para machacarlas una y otra vez hasta lograr atormentarnos. Examinando con cuidado sus letras podemos evidenciar que sus compositores eran un tanto jodedores.

Empecemos por el hecho de no poder olvidar el año viejo porque nos dejó cosas muy buenas, hay que decir que ni tanto. Primero nos dejó una chiva. ¿En Caracas? ¿Dónde metemos la bendita chiva? Y sus excrementos. ¿Quién y cómo lo limpiamos? Díganme ustedes si alguien puede razonablemente sacar a pasear una chiva como si fuera un perro. Imposible. Y el sonido que emiten. Peor que berrear, balear. Y hay algunas que balean más que Diosdado. ¿Quién las baña? De verdad, verdaíta que aquel ser cuyo balance anual culmine con una chiva en su apartamento no puede afirmar que el año le fue fructífero. Por cierto, a Henrique Capriles le regalaron en su campaña de abril un chivo padrote si es que pueda llamarse así. Y creo que terminó convertido en tarcarí.

También nos dejó una burra negra. Aquí sí la vaina se puso rara. ¿Cuál es el beneficio de tener una burra en la casa? Si fuera por lo menos como Platero, un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos, según contaba Juan Ramón Jiménez. Pero ¿un burra negra? Seguramente algún lector travieso está pensando que yo voy a decir cosas indecibles. Sí, del asunto “aquel” que practican los muchachos en los pueblos como Sabaneta. Pero no lo voy a hacer.

Sigamos. Una yegua blanca. Caramba, el asunto luce racial. Una negra y una blanca. A inventario bien raro. Y finalmente una buena suegra. ¿Buena en qué sentido? Claro que hay buenas suegras, yo tengo un amigo que tiene un primo que oyó en casa de un sacerdote belga que en una confesión cristiana un bendito le había dicho que la suegra de su compadre era buena. De que vuelan, vuelan.

Ahora, imagínense por un momento que reunida su familia el 31 se presente usted con una chiva, una burra, una yegua y una suegra. Por cierto, bien irrespetuoso el compositor con las suegras, pues las puso en la misma categoría que 3 cuadrúpedos. ¿Qué pensarían sus hijos?

Segundo: la canción de los 5 minutos es un poco confusa. La pieza tiene una duración de 2 minutos 54 segundos. Ahora bien ¿cuándo comienzan los últimos 5 minutos del año? Si es a las 11:55 pm del 31 de diciembre de cada año, entonces la canción habría que ponerla a sonar a las 23 horas 57 minutos 6 segundos, de manera que cuando terminara estuviéramos exactamente sobre las 12:00 pm. Siendo así, entonces, al iniciar la canción no faltarían los 5 minutos a que alude la canción sino mucho menos. Y aquí comienzan las contradicciones.

Ya sabemos que del otro lado del mundo cuando aquí son las 12:00 del mediodía, en China son las 12:00 de la noche, por lo tanto cuando aquí faltan cinco pa’ las 12:00 en esos remotos lugares son las 11:45 am del día 1° de enero. Se evidencia en ello una verdadera tautología o quizás una falacia. En todo caso eso de los cinco minutos es bastante enredado. Nada fácil para nuestras mentes ocupadas en hallacas, tragos y parrandas.

Finalmente llegamos al llegadero. Un burrito sabanero que va camino a Belén. Como se sabe, Belén es un pequeño pueblo de Cisjordania, situado a unos 9 km al sur de Jerusalén. ¿Cómo vamos a llegar del llano venezolano a Belén? ¿Caminando? ¿En avión? ¿En barco? ¿Y qué vamos a hacer a Belén? De San Fernando de Apure, en los llanos venezolanos, desde donde suponemos partió en señor con su burrito sabanero hasta Belén hay 10.520 kilómetros aproximadamente. Imposible llegar. Otra mentira. Parecen vainas del gobierno. De Jesse. En todo caso, feliz año 2014.