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Antonio Ledezma

El otro campeonato

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En Venezuela se viene desarrollando otro campeonato muy distinto al Mundial de Fútbol que acaba de finalizar en Brasil. Se trata de una competencia que resulta de una manera peculiar de gobernar a un país, y que nos coloca en un primer lugar muy deshonroso. O sea, una copa que nadie en su sano juicio aspiraría.

¿Cómo destruir un país? Ese es el modelo que atrae a muchos observadores del planeta. Profesores de importantes universidades, gerentes de centros de investigación socioeconómicos, entre muchos, dirigen su mirada o colocan su tímpano en guardia para ver de qué se trata, una vez que escuchan que “hay un país que tiene mucho petróleo, tanto que en los últimos años ha recibido la bicoca de 1 billón 600.000 millones de dólares nada más que por la venta de su crudo”.

Peeeero (siempre el bendito peeeeero) es que ese mismo país acaba de sumar a casi 10 millones de personas al ingrato estrato de pobreza crítica. Estamos refiriéndonos a seres humanos que pasan hambre en una nación cuyo gobierno lleva más de 10 años vendiendo su principal recurso de exportación –petróleo– a un promedio de 100 dólares por barril. Y, aunque cueste creerlo, la deuda pública se ha incrementado en más de 600% y no sabemos en qué se gastaron esos reales, como tampoco sabemos del paradero de nuestro oro ni de los préstamos que recibimos de China por la venta anticipada de los hidrocarburos que eran de las nuevas generaciones pero que ya no son.

Somos “campeones” en inflación, dejamos atrás hace rato a Chile, a Perú, a Colombia y a Costa Rica. Somos “campeones” en inseguridad con la tasa más alta de más crímenes por cada 100.000 habitantes. No somos balón de oro pero sí “chuzo de oro”, porque las cárceles están ensangrentadas por las matanzas que se repiten a diario en la misma proporción como se recrudece el hampa en las calles, con la comisión de más secuestros, más atracos, más homicidios. Somos “campeones” de embarazos adolescentes, con el promedio más elevado en toda América del Sur.

¡Qué vergüenza! ¿Dígame si semejante panorama no va a ser atractivo para los investigadores, psicoanalistas, demógrafos, economistas, inversionistas, novelistas? Porque esto da hasta para escribir una novela. ¡Cómo destruir un país! Pero no cualquier país, sino uno inmensamente rico, como el nuestro. Cómo se explica que de tener una empresa petrolera boyante, prestigiosa, con el talento humano acreditado que se formó en Pdvsa, hoy estemos en la bancarrota y debiéndole “a cada santo una vela”. Un país con desarrollos como el Guri, y suframos de apagones; un país con la riqueza de Guayana, y tengamos que importar aluminio. Un país tan hermoso, portentoso, con historia maravillosa, el mejor del mundo, y veamos a nuestra juventud preparando maletas para viajar al exterior “a ver qué se consigue”. Esta es la razón para unirnos y luchar para salvar nuestro país. Para convertir esta crisis en la gran oportunidad, para dar el salto hacia el progreso que nos merecemos y que con el esfuerzo de todos es posible concretar. No nos limitemos a quejarnos. Luchemos, asumamos la responsabilidad de darle un giro a Venezuela por la senda del bienestar. 

 

@alcaldeledezma