• Caracas (Venezuela)

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S:D:B Alejandro Moreno

Por los caminos rojos

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¿Por dónde llegan las armas a la cárcel? Esta es una pregunta que se repite con insistencia. Me lo explica mi confidente: “Se tenía que pagá una causa; todos los domingos. Me acuerdo que en aquel tiempo –2002 a 2004– eran 5.000 bolívares que se pagaban; por persona. Yo no tenía dinero, pagaba era a punta e garita, cuidando que nadie pasara pa nuestra letra. Al que no era de la letra había que disparale. Se pagaba pa podé viví en la letra”. Le pregunto: ¿Y eso que se pagaba era para qué? “Era pa podé pagá un traslado, de repente de balas, pa pagá un traslado de droga, pa pagá un traslado de una pistola pa dentro o pagale a los guardias que pudiesen pasá eso. La manera que se pasaba era que los guardias que garitiaban, que tenían su garita, eran los que recibían de fuera. Cuando se montaban en su garita, ellos lanzaban un borso, o equis cosa, una bolsa, a dentro del penal. Los malandros lo mandaban a rescatá con una bruja que eran los que limpiaban el penal. Así era la manera en que les llegaban sus cosas; les llegaba cualquier armamento, cualquier tipo e droga, cualquier cosa les llegaba así. Las familias afuera pagaban a los guardias pa que los guardias lanzaran eso. El volantero –todavía no se llamaba pran– y los del carro le pasaban a las familias lo de la causa y ellas a los guardias”.

Según nuestras investigaciones, las del Centro de Investigaciones Populares (CIP), antes de esos años eran escasas las armas de fuego en las cárceles; alguna pistola había pero no abundaban. En ellas la violencia asesina se ejercía mediante chuzos de los que se nos describe toda una muy variada tipología en la que cada tipo tenía su nombre, su función y su técnica para el uso. Los caminos eran verdes; ahora han cambiado de color pero son los mismos actores repotenciados.

Diez años después y con ocasión de los acontecimientos de Yare I casi todos los periódicos  se han hecho eco  de una investigación que puede considerarse oficial, del mismo ministerio de asuntos penitenciarios. La información es aterradora: una lista, seguramente parcial, del arsenal que en ese penal se manejó nos habla de una ametralladora M60 que dispara 500 tiros por minuto, 100 fusiles de varios tipos, muchos de ellos rusos pertenecientes a las últimas adquisiciones del gobierno, lanzagranadas, granadas, explosivo C-4 y suma y sigue porque el cálculo conservador es de 500 armas, 500.000 municiones en 500 bultos de los que sólo se gastaron 8 en el tiroteo, que duró 4 horas. Si todas las armas de fuego, y especialmente éstas que son de guerra, se venden exclusiva y estrictamente a los gobiernos según norma internacional, de alguna institución gubernamental rojita provienen y rojos han de ser los caminos por los que circulan hasta llegar a las manos de pranes y luceros. El mismo estudio indica que semejante equipo bélico tiene menos de 14 años allí con lo que confirma lo que ya nosotros en el CIP sabíamos. Los años que tiene durando el gobierno rojo rojito. Esto no quiere decir, de por sí, que él mismo  sea el promotor intencional de semejante brutalidad. Eso sólo lo dicen las malas lenguas y lo piensan los malpensantes. Sí quiere decir que este gobierno no controla sus caminos, rojos no sólo por el color político sino sobre todo por el de la sangre que por ellos se derrama.

Con razón la ministra negocia con los pranes, generales de ejércitos bien armados. En 33 cárceles tenemos 33 contraestados. La sombra de Marcola el brasileño nos acecha. Ni pensar en la guerra, pero poner remedio urgente. Dar espacio a la palabra y al derecho con voluntad y firmeza responsables.