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Froilán Barrios

No todos los caminos conducen a Roma

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Transcurrida la Semana Santa el país regresa a su normalidad traducida en tiempos de Maduro como la incertidumbre, y es que no ha sido suficiente un año de gestión, de peripecias, descalificaciones, teatrales arrebatos de cólera presidencial, represión militar y asesinatos, de imprecaciones antiimperialistas, para imponer el rumbo oficialista a una nación cuyas partes integrantes conviven con la firme sensación de que no vamos a ninguna parte, salvo al desastre y a la confrontación política y social.

Lo iniciado el 10 de abril entre el gobierno y la MUD tendrá resultados positivos si es integrado el resto de las partes en conflicto en un contexto inclusivo, donde una dirección plural opositora es esencial y obligatoria como condición para lograr avanzar con éxito, frente a un gobierno de clara vocación totalitaria.

Si las iniciativas de gobierno y MUD son percibidas finalmente como encuentro de cúpulas y el contenido de su diálogo gira en torno solo a derechos políticos, no impactará en la cruda situación de las mayorías habitantes de las barriadas y zonas rurales empobrecidas de nuestra geografía.

Si bien es cierto que todo el mundo está de acuerdo con la amnistía de los presos políticos y la liberación de los detenidos por las protestas, la gran pregunta a resolver es si podrá lograrse la paz mientras permanezca una economía dislocada, que no permite adquirir la canasta alimentaria ni los bienes para poder alcanzar una vida decente.

Para cada familia venezolana la clave hoy es si puede lograr en lo inmediato un salario suficiente como reza la CRBV, que determine obtener la dieta diaria hogareña, la existencia de un mercado dotado de mercancías que resuelva las penurias de trasnochos y largas colas a la intemperie de la escasez y el desabastecimiento y el derecho a la vida para todos ante la inseguridad.

Aun cuando décadas atrás, reconociendo las inequidades de otrora, se podía con el salario, pensión, jubilación, cajas de ahorro y prestaciones sociales adquirir una vivienda, comprar un vehículo, sufragar los gastos de educación de sus hijos, acceder a un sistema de salud eficiente, e incluso tenía acceso a la recreación o al turismo allende los mares; Venezuela es hoy el vivo retrato del épico film Lo que el viento se llevó, con la particularidad criolla de que quedamos en el estero y no se vislumbra solución alguna factible al drama nacional, que no sea la propaganda oficialista inyectada hasta los tuétanos con el testamento del extinto presidente, el catecismo del Plan de la Patria, cuyo contenido nos aleja de una visión de nación compartida por todos.

Si bien es cierto que recuperar los derechos políticos es fundamental para la agenda de reconstrucción nacional, a tal punto de que motivó la furia popular para sacudirse al dictador Pérez Jiménez en 1958, incluso con una economía del dólar a 3,30 bolívares, lo que tenemos en 2014 es un cóctel Molotov de falencias económicas, políticas y sociales que exige el surgimiento de un liderazgo nacional capaz de reconducir la nación a la reconquista de la democracia perdida.

 

*Movimiento Laborista