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Demetrio Boersner

2013, caminos por andar

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Luego de un año 2012 caracterizado por serios problemas climatológicos, económicos, sociales y políticos –sin que se acabara el mundo, ni estallara una gran guerra ni el capitalismo sufriera su derrumbe final–, 2013 se nos asoma con un cariz de "más de lo mismo". En escala global, parece previsible que se mantenga la pasividad humana frente al cambio climático. A todas luces, el crecimiento económico mundial seguirá accidentado y lento. Proseguirá (sin adecuada claridad doctrinaria) el conflicto fundamental entre fórmulas conservadoras y propuestas progresistas para hacer frente a la crisis social de desocupación y exclusión. Todo indica que Estados Unidos conservará su predominio económico y estratégico pero lo ejercerá con moderación y disposición al diálogo. Washington y Pekín moverán sus peones con prudencia en el "gran juego" por el futuro control del espacio Asia-Pacífico. Probablemente continuarán los brotes de violencia en el Medio Oriente y Asia Central.

El mundo esperará que Europa logre resolver sus problemas económicos y sociales valiéndose de sus instituciones y mecanismos de integración. En el panorama energético mundial han surgido factores novedosos que podrían afectar a los países exportadores de petróleo: el crecimiento de la producción de aceite y gas de esquistos y el repentino y rápido avance de Norteamérica hacia la autosuficiencia energética.

En la región latinoamericana y caribeña, todo permite pensar que sus países –con las actuales excepciones de Venezuela y Cuba– seguirán en un ritmo de desarrollo pausado pero sostenido, con una economía de mercado y un gobierno representativo. Frente a Brasil, y como su gran competidor por el liderazgo regional, crece la influencia de México, en vías de renovación interna y exterior bajo la conducción del gobierno de unidad nacional (derecha, izquierda y centro) presidido por Enrique Peña Nieto.

A nuestro modo de ver, por primera vez en catorce años podemos sentir un moderado optimismo con respecto a Venezuela dentro del panorama general arriba expuesto. Enfrentamos sacudidas económicas y por ende sociales, con efectos dolorosamente saludables. Todo indica que se encuentra a punto de terminar el período del liderazgo personalista y carismático, sembrador de odio y división, y que –ya sea por elección o por negociación– el país podrá encaminarse a una etapa de gradual reencuentro y reconciliación, sin vociferaciones fanáticas ni extremismos destructivos. A tal efecto, obligadamente tendremos que acordarnos para crear fórmulas de economía mixta, en la cual coexistan y cooperen confiadamente la libre empresa privada y la regulación pública en aras de la inclusión social.