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Gina Parody

El camino para la igualdad y la paz

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Quienes conocen de educación en conexión con el mundo laboral saben que ser técnico o tecnólogo no es menos importante que ser profesional. En países como Alemania la formación para el trabajo ha sido la verdadera clave del desarrollo.

Más de 60 % de los egresados de bachillerato en el país europeo salen del colegio rumbo al sistema de formación dual, que les permite aprender diferentes oficios, complementando la teoría que reciben en los salones de clase con prácticas remuneradas en las empresas. Allí estudian la mayor parte del tiempo y obtienen altas posibilidades de enganche laboral, después de dos o tres años de aprendizaje.

Pero ahí no termina el proceso. Luego van otros dos o tres años a escuelas técnicas de tiempo completo, donde se certifican en ocupaciones específicas que demanda el mercado laboral en sectores como industria, comercio, administración, salud o agricultura, antes de realizar una maestría en la Universidad. La estrategia permite asegurar el empleo de los jóvenes y garantizar la formación del talento humano que requieren las empresas.

Gracias a este sistema, Alemania es el país con el índice de desempleo juvenil más bajo de la Unión Europea. Además, es el único que ha conseguido reducir este porcentaje en los últimos años. En 2007 era de 11,9% y ahora es de 8%, mientras que en España en 2007 era de 22,9% y ahora, de 53,2%.

En países como Suiza, Finlandia, Corea y Singapur también tiene prestigio la formación técnica y tecnológica. Estudiantes con excelente desempeño académico valoran este tipo de formación y saben que tiene sentido empezar aprendiendo un oficio que puede abrirles las puertas al mundo laboral.

Sin embargo, en Colombia no hemos medido la importancia de la formación técnica y tecnológica. La cultura colombiana ha hecho que los jóvenes prefieran tener el diploma universitario antes que otros títulos por una falsa creencia que la hace ver como educación de bajo nivel. Según el Observatorio Laboral para la Educación, entre 2001 y 2010, 61% de los estudiantes graduados obtenían títulos universitarios, frente a 17% que lograba títulos técnicos y tecnológicos.

El gobierno de Santos comprendió la importancia de tener más técnicos y tecnólogos y por eso la tarea quedó establecida como una de sus prioridades en el Plan de Desarrollo. Ahí es donde el Sena juega un papel fundamental. La cifra de tecnólogos que cubre hoy el Sena representa 55% del total de la formación técnica y tecnológica del país y 18% del total de matrícula de educación superior.

¡Claro! El compromiso no solo debe ser mayor cobertura sino mayor calidad. Por eso, el Sena está avanzando en el camino hacia la excelencia con un presupuesto fortalecido de 2,7 billones de pesos, con más inversión en infraestructura y tecnología, pero, sobre todo, con excelencia docente. El año pasado dimos un paso fundamental con el lanzamiento de la Escuela Nacional de Instructores Rodolfo Martínez Tono y con el proceso para acreditar seis programas de formación en alta calidad. El reto es hacer del Sena la mejor entidad de formación para el trabajo de América Latina en los próximos 5 años.

Mientras tanto, tenemos la misión de acabar con el estigma que oculta el verdadero valor de técnicos y tecnólogos. Estamos en deuda de impulsarlos para evitar que se pierdan oportunidades de trabajo por falta de perfiles que exigen las empresas, evitar que se perdieran oportunidades de desarrollo económico.

Con más jóvenes en el mundo del trabajo no solo seguiremos dando la batalla contra el desempleo juvenil, sino construyendo la paz que procura el presidente Santos. La que se logra con igualdad de oportunidades, con educación y empleo.