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Manuel Aguilera

O cambias o te cambian

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Recuerdo una mañana de hace muchos años en que mi papá me llevó en su auto a la universidad a recoger mi título de licenciado en Periodismo. Durante el camino de vuelta hablamos de mi trabajo de entonces como reportero en el canal de televisión español Antena 3. Aunque era un buen lugar para estar empleado, le expuse mis miedos a quedarme atrapado para siempre en la misma compañía, en la misma ciudad, con los mismos compañeros, haciendo lo mismo por los años de los años.

Mi padre, por contra, me habló de su maravillosa experiencia en el banco donde trabajaba desde hacía 30 años, el mismo en el que su padre había sido interventor. Gracias a una oposición había conseguido una plaza que no pensaba abandonar hasta el día de su jubilación. Aquella continuidad familiar y la seguridad de hacer carrera en una empresa solvente y segura eran parte de sus valores y el de la mayoría de las personas de su generación. El consejo final de aquella conversación fue que debía pelear por ganarme una posición fija en aquel canal de televisión y una vez conseguida esta meta hacer carrera en la compañía hasta el final de mis días como trabajador activo. Como cualquier hijo que se precie yo creía saberlo todo en aquella época y no hice caso a las recomendaciones de mi progenitor. Después de unos años me marché de Antena 3 rumbo a otro grupo de comunicación y los cambios en mi vida profesional no han cesado desde entonces.

Me venía a la cabeza esta anécdota de mi vida esta semana cuando el vicepresidente del canal Antena 3 Mauricio Carlotti aseguraba que no tiene ningún sentido que hoy día se sigan emitiendo noticieros nocturnos ya que "hace años que no escucho una noticia de la que no me hubiese ya enterado, además todos los telediarios son una copia".

El directivo compara este “cambio necesario” con el fin de los periódicos vespertinos en su día".

Según Carlotti, el problema para realizar el cambio está en que en las redacciones hay gente con unos 25 años de experiencia, algo que provoca una forma de "resistencia psicológica". Entiendo entonces que si yo hubiera seguido el consejo de mi padre me encontraría entre ese grupo de resistencia que dentro de muy poco se quedará sin trabajo cuando el señor Carlotti decida suprimir el noticiero nocturno. Otros ya salieron antes, cuando los cambios en los hábitos de la sociedad y sobre todo la innovación tecnológica han ido dejando obsoletas costumbres del pasado.

No son una novedad, ni la evolución tecnológica, ni los cambios sociales. También los vivieron nuestros padres y abuelos. La diferencia está en la velocidad a la que se producen. Ya no se pueden pensar negocios, proyectos o plazas laborales “para toda la vida”.

No nos queda otra que enfrentarnos a nuestra forma de vida como si cada día fuera el último de una etapa pues así podría ser en realidad. Vivimos en un estado de permanente cambio. Lean lo más rápido posible este artículo, quizás la semana que viene habrá que buscarlo en otro formato o ni si quiera exista.