• Caracas (Venezuela)

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Juan Barreto

Mi camarada Chávez

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Como decía Bertolt Brecht, “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda una vida, esos son los imprescindibles”.

Amigo y líder del proceso revolucionario venezolano, fuiste, eres y serás el personaje referencial y central de la lucha política de izquierda en la América Latina del siglo XXI. No es exagerado afirmar que en la última década motorizaste la movilización popular no sólo dentro de Venezuela, sino en todos los demás países de la región. Lo mismo podría decirse del accionar de los partidos políticos y de la intelec­tua­lidad de izquierda.

Mi presidente y líder, por nuestra parte, el pueblo hará lo suyo: quererte, orar, acompañarte. Y darte su palabra, así como lo hiciste tú: dijiste “por ahora” y aquello fue un rayo que partió en dos la historia, como un dardo en el alma que nos llenó de vida y toditos gritamos: “¡Aquí estamos, hemos despertado!”, y nos regresaste de la larga muerte de aquel 27 y 28 de febrero. Y te seguimos. Hablaste de Bolívar y lo resucitaste. Luego dijiste: Patria y socialismo y te tomamos la palabra. Con voz franca nos hablaste más recientemente de comunas y caminos y de aquí te respondemos, que sí, que los consejos obreros son la expresión productiva de la comuna, materialización político-territorial del poder constituyente permanente del pueblo. Porque una hegemonía es copamiento y combinación de las formas de lucha que permiten la recuperación de la soberanía, que es de cada quien.

Palabras, comandante, que hoy más que nunca orientan nuestros sueños y las prácticas de miles de mujeres y hombres de distintos colectivos revolucionarios de base, que decidieron que el socialismo es hoy, y que el futuro un hacer todos los días. Los mismos que entendieron que la democracia directa es una manera de ser y de hacer, es nuestra decisión y forma de vida.

En tus últimas palabras nos llamaste a redoblar la unidad. Lo entendemos y acatamos como una necesidad estratégica; por eso, comandante de todos, en tu nombre aportaremos en la construcción de la unidad del pueblo hasta hacer posible un bloque indestructible, una red de redes tejida con el esfuerzo, las prácticas y el amor de un pueblo, para cubrir la patria. Queremos sumarnos al aliento de las multitudes que cantan que “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”, sumergirnos en la solidaria lealtad del hombre común, el del 13 de abril que bajó el barrio y lo puso en la calle, el que agradece siempre tu existencia, tu vida histórica, el que te ama con el amor de los hombres rudos, resteados y curtidos, con un amor intransferible; queremos sumarnos con nuestra humilde palabra al río de palabras y de afectos, pero nos quedamos sin palabras y acudimos a la voz de los poetas que vienen a auxiliarnos. Porque el poema es bálsamo, son palabras de otros que son nuestras, segunda voz que se instala en el alma y la alimenta. El mexicano Jaime Sabines escribió:

“Déjame reposar el corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos días, los más largos del tiempo.

“Convalecernos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño.

“Para verte en la noche y saber que respiras. Necesitamos despertar para estar más despiertos en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.

“Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas. Por eso es que este hachazo nos duele y nos sacude… no te hemos visto nunca sino como la fuerza de la alegría y la vida”.

¡Viviste para vencer!, comandante de mis sueños, comandante del pueblo pobre…

Hasta la victoria siempre…

Venceremos…