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Diego Arroyo Gil

Por estas calles, con Diego Scharifker

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Diego Scharifker (Caracas, 1989) fue presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela entre 2010 y 2011. Entonces coordinó las luchas del movimiento estudiantil en defensa de la autonomía universitaria. En las más recientes elecciones municipales fue elegido concejal del municipio Chacao, cargo cuyo desempeño le ha deparado, desde febrero, el trato con días muy difíciles para el país y, en particular, para la entidad de la cual es servidor público.

Dado que es uno de los políticos más jóvenes del país y formó parte del movimiento estudiantil –que vuelve a estar en las calles cuando Scharifker ya tiene una oficina de gobierno–, se me ocurrió solicitarle una entrevista para esta columna, a pesar de que no soy periodista de la fuente política, que en Venezuela cuenta con reporteros muy bien fogueados y bastante más hábiles que yo en el arte de repreguntar para dejar al otro en evidencia de veracidad o flaqueza.

Advierto, pues, para empezar, que fui a conversar con Scharifker como cualquier ciudadano que está lleno de dudas y, además, como vecino de Chacao que mira con angustia y expectación lo que sucede “por estas calles”.

—Usted fue dirigente estudiantil, ¿cómo valora el trabajo que llevan a cabo los dirigentes estudiantiles de hoy?

—Les ha tocado un momento muy difícil. El movimiento estudiantil, para mí, ha tenido tres etapas fundamentales. La primera, iniciada en 2007, fue una lucha por temas intangibles, por ideales como la libertad. Veníamos de retirarnos de las elecciones a la Asamblea Nacional y el movimiento estudiantil logró reunir a mucha gente. En la segunda etapa, aproximadamente en 2010, cuando yo fui presidente de la Federación de Centros Universitarios, dimos una lucha más bien interna, porque nuestro asunto era la Ley de Universidades. Dejamos la calle para ir a defender nuestro campus universitario. Y está esta nueva etapa, la tercera, en la que el movimiento estudiantil ha vuelto a la calle y lucha por problemas como la inseguridad, la persecución política, etcétera. Es un momento muy difícil. Ni en 2007 ni en 2010 hubo muertos ni el gobierno actuó con tanta saña en contra de los que manifestábamos. Los dirigentes estudiantiles de hoy han visto el lado más oscuro de este gobierno.

—Se afirma que una de sus metas es que se vaya Maduro, ya.

—No lo sé. Todos los que somos opositores creemos que este gobierno nos ha llevado al fracaso y sabemos que a través de una alternativa se puede lograr que el país progrese. Pero hay dos puntos de vista distintos: algunos creen que se debe tomar atajos para salir del gobierno actual; otros creemos que hay que salir del gobierno por vías constitucionales. Aquí viene una discusión legítima: si no estamos en una democracia, ¿cómo salir del gobierno por vías democráticas? Hace una semanas en Chacao transmitimos un documental sobre cómo Letonia logró liberarse de la Unión Soviética a través del canto (Scharifker se refiere a la conocida “Revolución Cantada”). Suena “comeflor” –sigue el concejal–, pero Letonia logró lo que quería cantando y protestando en las calles. Los cambios democráticos son los únicos que perduran. Desde entonces Letonia no ha vuelto a tener un gobierno totalitario. Si nosotros queremos generar un cambio verdaderamente duradero…–se interrumpe brevemente y elabora otra frase–: Creo que la violencia solo nos traerá más violencia. ¿Tumbar al gobierno? Cualquiera podría tumbar también al que vendrá.

—La vía constitucional a que usted se refiere son las elecciones, y hay muchachos que están en la calle creyendo que el gobierno va a caer si ellos se mantienen en ella. La sospecha que tiene mucha gente es que, si eso no ocurre, habrá una gran frustración y algunos sentirán que la dirigencia política los engañó.

—Después de lo que ocurrió en las elecciones de Capriles versus Maduro hubo una depresión bastante fuerte. Luego vinieron las elecciones regionales y municipales. Pudimos haber ganado más alcaldías si no hubiera sido por la abstención. Capriles, a pesar de que no soy caprilista… Capriles representó un sentimiento nacional, y creo que ha mantenido una postura coherente y seria cuando ha señalado que, después de que logramos que la gente participara de manera masiva, podemos volver a caer en una depresión colectiva si vemos que los objetivos no son alcanzados. La unidad tiene un gran reto, y es convencer de que hay otras vías (distintas de las que proponen lo que él llama “el corto plazo”). Es una discusión que se está dando en la unidad. Los que somos militantes de partidos políticos creemos en el sistema democrático, y como creemos en el sistema democrático, creemos que la salida es democrática: por ejemplo, tenemos la opción de la constituyente, o la del revocatorio. El otro día alguien planteó la idea, que no deja de ser interesante, de que el presidente tiene la potestad de llamar a un referéndum consultivo. Si el gobierno realmente quiere una solución pacífica, que se consulte a la gente. Vamos a preguntarle al pueblo venezolano si quiere estar en revolución o tener un país abierto y democrático.

—Eso es suponer que el presidente y su gobierno son demócratas.

—Es cierto.

—Acaba de decir que no es caprilista, pero no argumentó por qué.

—No lo soy porque considero que seguir a una persona es cometer el mismo error que nos hizo vivir lo que vivimos con el presidente Chávez. Yo sigo ideales. Sigo corrientes de pensamiento. Soy socialdemócrata, o de centroizquierda. Capriles ha demostrado ser de centroizquierda y progresista, pero no lo sigo solo porque sea él. Después de las primarias, fue el abanderado de la unidad, y sin duda alguna nos representó con toda fidelidad. A pesar de tener algunas diferencias con él por su manera de atender algunas coyunturas, reconozco que es quien ha tenido la postura más coherente, y la que a largo plazo nos puede traer mejores resultados. Yo respeto a aquellos que crean que hay salidas de atajo, o salidas de corto plazo, pero no las comparto y no trabajo para ellas.

—¿Por qué Capriles no mantuvo a la gente en la calle cuando afirmó que le habían quitado las elecciones?

—Porque tenía miedo de que sucediera lo que ha pasado estos últimos días. Sin duda alguna, la crispación política que había en ese momento era muy grande. Si en un período de casi 3 meses ha habido 40 muertos, no quiero ni pensar cuántos muertos, heridos y afectados hubiera habido si Capriles hubiese mandado a la gente a la calle y Maduro hubiera hecho lo mismo… Tengo que admitirlo: yo estaba en el comando Simón Bolívar y, en el momento, sentí mucha frustración. Lo que yo quería era salir a defender lo que nosotros llamábamos nuestra victoria, pero al día siguiente, al despertarme, me di cuenta de que se hacía lo correcto. Aunque cueste y duela decirlo y entenderlo, nuestra carrera es de resistencia, no de corto plazo. No vamos a salir de esto de la noche a la mañana.

—¿Qué evaluación hace del debate entre gobierno y oposición celebrado el jueves de la semana pasada en Miraflores?

—Fue una oportunidad para que los dirigentes de la MUD plantearan de manera formal y frontal las exigencias que tienen años haciendo. Se pudo presentar en nombre de los sectores democráticos las razones por las que diferimos del gobierno y vemos la necesidad de un cambio en el país. Dialogar no significa claudicar de los principios e ideales que uno tiene. Lástima que concluyó como un monólogo a dos partes. Hay que aceptar la posibilidad de buscar puntos medios para lograr cambios. Es importante que continúen las mesas de diálogo con los temas planteados. Solo así se podrá resolver la crisis política de la actualidad.

—¿Por qué sentarse a dialogar con un gobierno que la misma oposición califica de ilegítimo?

—Porque es quien ahora gobierna el país. Ya Maduro fue reconocido por la oposición hace meses como el gobernante legal del país, pero tiene un plomo en el ala por un fraude que aún no ha sido esclarecido. No querer dialogar es permitir que se genere más caos e ingobernabilidad. Saldríamos perdiendo todos, ya que la crisis social y económica seguirá aumentando.

—¿Cree, sinceramente, que el diálogo abra un camino hacia la reparación de la crisis de gobernabilidad en que se halla el país?

—Si, y solo si, hay reconocimiento mutuo y respeto a las divergencias de opiniones. El gobierno no puede pensar que dialogando silencia al que piensa distinto, porque así no funciona la democracia. En el sistema democrático toca convivir con los que piensan como tú y con los que difieren. El gran reto es gobernar para ambos y lograr convencer a tus oponentes. El gobierno ha sido muy torpe y no ha querido entender eso. Solo gobiernan para los suyos e intentan obviar al contrario.

—¿Cree posible que la oposición logre algo distinto del desastre mientras siga habiendo en ella dos agendas que parecen ser incompatibles?

—La única manera de lograr la libertad de Leopoldo, Simonovis y demás presos políticos es dialogando. La única manera de lograr cambios en las políticas del gobierno es dialogando. Pero sin la presión de la protesta de calle el diálogo no tendría sustento social. El mayor riesgo de la oposición es que esta crisis se convierta en una lucha de egos, en intentos de “figurar” uno más que el otro. Confío y sé que la dirigencia opositora es suficientemente competente y seria para no cometer esos errores y trabajar juntos por el cambio que tanto implora el país.

—¿Cree que la oposición corre el riesgo de que la protesta se despolitice?

—Todo es político. Yo creo que todo es político.

—Usted entiende lo que le quiero decir: que los muchachos dejen de escuchar a la dirigencia.

—¿Riesgo de que la protesta se anarquice? Sin duda alguna. Y de que se convierta en foquitos, de que cada uno de esos focos piense distinto, de que cada quien busque un objetivo distinto. Si de algo estoy convencido es de que hay que protestar. Hoy más que nunca hay razones para protestar, pero la protesta violenta no nos lleva a ninguna parte. Las barricadas nos están llevando por un camino en el que ya la misma oposición está sintiendo que les afecta la vida. A pesar de que yo tengo razones para protestar –dicen algunas personas–, yo tengo una familia que mantener, un trabajo con el cual cumplir, etcétera.

—¿Qué opiniones ha recogido entre los vecinos de Chacao con respecto a las guarimbas?

—Hay sentimientos mezclados. En la guarimba se da un círculo vicioso: se monta la guarimba, la Guardia Nacional reprime porque está la guarimba, los vecinos vuelven a poner la guarimba. Estamos tratando de buscar la manera de romper ese círculo vicioso para que no sigan siendo afectados nuestros vecinos. La gran realidad es que la protesta es una moneda con dos caras: una cara es la protesta en la calle, y la otra es lo que pasa puertas adentro. Hemos estado haciendo foros sobre el impacto de las bombas lacrimógenas sobre la salud de las personas y, entre de las acciones de protesta pacífica que llevamos a cabo, se encuentra la de interponer una demanda contra el Estado por el daño causado sobre la salud de las personas por el uso indiscriminado de las bombas lacrimógenas en zonas residenciales.

—¿Qué hay con los guarimberos?

—Hemos intentado hablar con ellos, y tengo que decir que no hemos tenido receptividad, hasta el momento. Hay una parte importante de los vecinos que cree que la guarimba es un mecanismo viable para lograr sus objetivos con respecto al gobierno. Nuestro papel no es convencer a la gente de que proteste ni que deje de protestar, sino facilitarle la información sobre las consecuencias de la represión e intentar promover protestas pacíficas.

—Quienes montan las guarimbas afirman que desestabilizan al gobierno: ¿al nacional o al municipal?

—La guarimba ha causado un efecto importante sobre el gobierno nacional. Ha logrado desenmascararlo, dada la represión. Pero en este momento el que está más debilitado es el gobierno municipal, puesto que se corre el riesgo de que se meta preso al alcalde Ramón Muchacho. Ahora, en general, el gran perdedor de esta etapa de protestases el gobierno nacional.

—¿Por qué?

—Porque el gobierno muestra cada vez más su lado oscuro.

—Eso no quiere decir que sea el perdedor.

—Sí, porque queda en evidencia ante la comunidad internacional y ante el mismo oficialismo. Ya hay gente que dice: “Yo soy chavista, no madurista”. Hemos denunciado desde siempre el mal uso de los poderes públicos, pero hay gente que se está dando cuenta de ese mal uso ahora. Chávez lograba engañar en cuanto al uso de las vías regulares (constitucionales), Maduro no lo ha hecho. El gobierno se ha debilitado.

—La perspectiva de que ordenen la detención de Muchacho…

—Habrá una reacción muy importante de los vecinos de Chacao –ataja Scharifker–. Nadie puede decidir sobre el municipio sino sus vecinos. En las elecciones, Ramón fue el alcalde electo con mayor proporción de votos del país: eso significa que hasta los oficialistas votaron por Muchacho. Solo los chacaoenses podemos decidir quién es nuestro alcalde. Nadie más. El vecino saldría a defender a Muchacho, no porque sea muchachista, sino porque es el alcalde electo, la persona que nos representa. Lo que el gobierno no ha podido hacer en Chacao por vía electoral, quiere hacerlo por vía judicial y a través de la persecución política.

—Una última pregunta: de seguir preso Leopoldo López y permitírsele recibir todo tipo de visitas, ¿irá usted a verlo?

—Sin duda. Uno de los primeros políticos con quienes tuve contacto fue con él. Es una persona a quien tengo mucho respeto y admiración dada su gestión como alcalde de este municipio. Seguiré siendo solidario con él, a pesar de que mantenga diferencias sobre la vía (de protesta) que escogió. Cualquier demócrata, cualquier persona que se proponga llevar el país hacia el progreso, será persona de mi defensa.