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Arnaldo Esté

La calidad de la educación. Los valores. La dignidad

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Los primeros días de esta semana asistí al Encuentro Nacional por una Educación de Calidad para Todos en la UCAB. Una buena discusión, mayormente de tono propositivo, que es ahora y en este país la mejor manera de hacer crítica social.

La introducción del encuentro (Luis Ugalde sj) presentó, de manera muy original, un temario organizado como 10 Sí y 10 No referidos a la Constitución venezolana.

De esa intervención voy a referirme a los valores, y entre ellos a la dignidad.

Hemos propuesto la necesidad de un profundo cambio en la educación formal. Una exigencia no original. En la mayoría de los ambientes políticos internacionales se evidencia esa necesidad. No es menor esa exigencia para nuestro país.

La dirección de ese cambio está señalada por el paso de la actual educación, de carácter mayormente informativo, a una educación formativa. Un cambio imprescindible para lograr que la educación incida en la calidad y disfrute de la vida en general y, en particular, en el trabajo, la creatividad y la productividad.

El sentido informativo de la educación vigente se constata en todos sus componentes: clases predicativas que exigen silencio y convergencia hacia la lección predicada, textos escolares de tono enciclopédico con informaciones descontextualizadas, currículo y programas de estudio saturados de contenidos a ser igualmente informados, aulas con pupitres en líneas perpendiculares hacia un pizarrón gobernado por el maestro, formación de los maestros como informadores en ignorancia de las mismas recomendaciones teóricas y metodológicas que también reciben como informaciones, y muchos más detalles coherentes con esa concepción y práctica informativa.

Suena fuerte criticar esa acción informativa, pero resulta que muy pocas veces esas informaciones se traducen en aprendizajes y competencias. Es una información que lleva a evaluaciones de sus memorizaciones para ser promovidos de un grado a otro u obtener un credencial. Una actitud leccionaria que ignora la dignidad de la persona.

Todo lo anterior ha sido repetido muchas veces, pero como información. Que tampoco se transforma en competencias para inducir el cambio.

Una educación formativa, de calidad, requiere sustentarse en valores y procurar competencias como saberes, habilidades y destrezas para desempeñarse eficientemente en contextos específicos. Ambas cosas solo se logran con una práctica, con un ejercicio reiterado y consecuente que haga de las aulas ambientes de aprendizaje.

Estimamos como prioritarios cinco valores: dignidad, participación, solidaridad, diversidad y continuidad con la naturaleza.

Los valores son materia ética. Son convicciones compartidas, consientes o no, que les dan cohesión y permanencia a familias, grupos y naciones.

Valores que son los grandes referentes para la concepción del proyecto de vida en sociedad, para la comprensión de los otros, para la toma de decisiones.

La dignidad refiere a la calidad subjetiva de la persona. A la tenencia de sí como sujeto capaz de comprender, emprender y crear. Al respeto que otorga y recibe de los otros. Al reconocimiento que debe expresar ese respeto.

La dignidad es el soporte de todos los otros valores y en los cuales se manifiesta y reafirma, así como de las competencias que, sustentadas en esos valores, se generen. Y es, por tanto, de atención constante y fundamental en la interacción educativa.

No se logra la dignidad como consecuencia de informaciones, lecciones o prédicas, por muy bien intencionadas o presentadas que ellas se den. Su logro es cosa de ejercicio, de práctica reiterada y consistente, en todos los escenarios y, sobre todo, en los ambientes de aprendizaje. Es un problema pedagógico, atiende a las relaciones sociales que se dan en las aulas.

En ese sentido hemos propuesto la interacción constructiva que se inicia propiciando la reflexión del estudiante a partir de un problema pertinente, que tenga que ver con él como persona. Reflexión que habrá de ser expresada y atendida. Es cultivar su dignidad. Es decirle tú existes, tú eres importante, tú tienes ideas y tienes que buscar la manera de expresarlas.

Lo anterior exige el silencio oportuno de los maestros. Adquirir la disciplina de dejar y propiciar la interacción de los estudiantes: no es, como sabemos, fácil.

Como es adecuado a estos espacios periodísticos, iré administrando mis proposiciones sobre la calidad de la educación en escritos sucesivos.

 

arnaldoeste@gmail.com