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Claudio Nazoa

Malos y fastidiosos

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Por culpa de esta cosa inepta, maquiavélica y fastidiosa que nos malgobierna, estamos inmersos en un profundo caos. Porque si fueran malos nada más… pero, es que son ¡una ladilla interrumpiendo programas de radio y de televisión con cadenas absurdas y ridículas!, como aquella vergonzosa del día de la golpiza en la Asamblea: mal editada, con música de suspenso y, a pesar de no tener narrador, la encadenaron a las emisoras de radio. Quienes iban en automóvil no entendían absolutamente nada. Esto no es nuevo. ¿Recuerdan una cadena de Chávez de hace algunos años, cuando fue a “inspeccionar” la construcción de un túnel y agarró un taladro? Aquello fue increíble, porque igual encadenaron a las emisoras de radio y durante 15 o 20 minutos sólo se escuchaba el ruido del taladro: ¡Taca, taca, taca, taca…!

Son cosas insólitas que tristemente sólo se ven en Corea del Norte y aquí, porque hasta donde yo sé, ni en Cuba hacen tanta cadena inútil.

¡Qué pena…! ¡Pero de verdad… qué pena, Villegas! ¿Cómo haces eso tan mal hecho? Hablando en serio, antes de ser ministro, me parecías un periodista con criterio, pero, de pana, ahora es increíble lo que haces y no lo digo con burla, falta de respeto ni ofensa. ¡No! Tampoco te pido que, como hicieron tus hermanos, reflexiones y te pases al lado de la lógica. Cada quien está donde le dicta su conciencia. Lo único que pido es que hagas un poco más creíbles y divertidas las cuñas del Gobierno. Sobre todo divertidas, porque eso es lo primero que tenemos que hacer los comunicadores: lograr que la cosa sea divertida para que el mensaje llegue; si el mensaje es verdad, mentira o malvado, no importa, ese criterio queda en el alma de quien lo produce, lo que sí es importante es que sea atractivo para que uno se quede viéndolo y no se vaya al cable (como, según encuestas, hace 80% de los venezolanos) cuando comienzan con el fastidio. Es que hasta para hacer maldades hay que buscarle la vuelta.

Estimados lectores, ¿se acuerdan de cuando el malo mayor, el de verdad, el original, no la imitación made in China que tenemos, hacía sus maldades en cadena? ¡Ese sí sabía cómo hacerlas!: él te recitaba, cantaba, echaba chistes, hacía trucos y hasta bailaba. Uno podía estar o no de acuerdo, pero, con arrechera y todo, nos reíamos. La gente, incrédula, se llamaba por teléfono:

—¿Viste lo que está haciendo? ¡Mientras expropia una fábrica está cantando: “Tucusito, tucusito, llévame a cortar las flores”…!

Era, como decimos en Venezuela, ¡una vaina loca e’ bola! Tanto, que a los comediantes, humoristas o cómicos nos costaba hacerlo más gracioso.

¿Se acuerdan de la traductora de señas que Chávez usaba en sus discursos y que más nunca apareció? Tengo entendido que la pobre está internada en un manicomio porque después de ocho horas seguidas de señas y sin ir al baño, la mujer enloqueció. Según me comentó un colega psiquiatra, la gota que rebosó el vaso fue cuando Chávez dijo: “Fulanita, esta noche te doy lo tuyo”. La angustiada traductora de señas no sabía cómo traducir aquello, e hizo la señal conocida de “esta noche te doy lo tuyo”.

Mi amigo el dramaturgo argentino Ricardo Talesnik me llama a cada rato para preguntar si es verdad lo que está viendo en la televisión argentina sobre Venezuela. Le digo que sí y él, angustiado, replica:

—Lo peor es que la de aquí se copia todas las cosas malas que hacen allá, con la única ventaja de que el dinero para nuestras locuras lo ponen ustedes.