• Caracas (Venezuela)

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Armando Janssens

Las burbujas de libertad

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En medio de la situación del país caracterizada por la violencia, las pugnas y las confusiones generalizadas se puede observar algunos signos llamativos que llaman a reflexión. A pesar de la permanente insistencia de  las entidades gubernamentales de controlar toda la vida social y económica con todos los medios a su alcance, podemos constatar que no logran su objetivo. Parte importante de nuestra sociedad  no acepta esta suplantación y sigue activo y creativo en mantener o tomar en sus propias manos iniciativas que definen su  propia vida social o la de su entorno. Son los que queremos llamar, siguiendo al sociólogo francés Tourrain: las burbujas de libertad.

Estas burbujas de libertad de lo cual hablamos, son así espacios y ambientes donde la sociedad civil compuesta por el ciudadano común-normal, toma su propia iniciativa para juntos con otros crear iniciativas  y organizaciones para enfrenar algún problema colectivo propio que les afecta. Pero igual o más se organizan a favor de determinados  sectores necesitados de la sociedad, que por sí mismo no logran de solucionarlos y necesitan algún apoyo para tomar en propia manos sus responsabilidades. Lo llamamos tradicionalmente organizaciones de la sociedad civil y se y atienden sectores y comunidades bajo muy variados aspectos. Las redes nacionales como Sinergia y Redsoc juntos a otros a escala temática o regional les acompañan en la reflexión, formación o alguna acción pública.

Desde hace cincuenta años (algunos de más tiempo) nacieron a partir de iniciativas vinculadas a la Iglesia y de manera llamativa –diferente a otros países– de grupos empresariales, socialmente comprometidos. Pero muy rápido se unieron otros sectores, motivados por el compromiso social y se abrió una abanico de muchos “colores y sabores”, que tiñeron el paisaje  según las variedades y necesidades de un país en franco crecimiento.

En este gobierno tan absorbente que ve con desconfianza iniciativas sociales que no logran de controlar, muchas de estas organizaciones deben hacer gimnasia social para sobrevivir. Hasta algunos no aguantaron y cerraron sus puertas. Todos debían reducir o reorientar sus acciones y crear nuevas modalidades para seguir realizando su misión.

Pero los últimos largos años han nacido otras iniciativas de gran impacto que cambia el perfil general de estas organizaciones. Me refiero en primer lugar a las organizaciones de derechos humanos que de manera consistente logran de mantener su presencia. Respetados por muchos, pero igualmente cuestionados por los poderes oficiales, deben navegar en aguas turbulentas. Pero logran en su mayor parte  mantener una honestidad y coherencia que reconocemos con orgullo.

No menos importante es el reciente fenómeno del surgimiento de observatorios de muy variadas índoles. Como respuesta a lo aplastante del aparato público se enfocan en un determinado tema (la violencia generalizada, la transparencia pública, el mundo carcelario) y aseguran una información más cercana a la realidad que permiten a muchos otros de  motivarse en la acción de controlaría social.

Juntos a muchas otras iniciativas que comentaremos en un próximo escrito, todos ellas son burbujas de libertad. Es la resistencia de la sociedad civil organizada de dejarse invadir por el omnipotente estado y asegura la oxigenación de nuestra convivencia. Es además expresión de nuestra propia dignidad como persona que desde lo más profundo de  su ser como co – creador quiere aportar en la construcción de nuestra sociedad  tan truncada.