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Antonio Ecarri Bolívar

La burbuja donde moran los gobiernos

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Ese parece el sino de todo gobierno en situación de crisis terminal: vivir en una burbuja que le impide ver la realidad circundante y que, inexorablemente, termina por defenestrarlo. El gobierno de Nicolás Maduro, de tanto repetirlo, parece creer que la causa de la crisis está directamente relacionada con la “guerra económica”, el “plan desestabilizador de la derecha adeco-burguesa” y los planes “imperiales Yanquis”. Como eso es así, desde la lógica “madurista”, no hay por qué rectificar una política económica que si no ha dado resultados es por culpa de aquellos factores y no porque sea desacertada. Lo mismo creía Nicolae Ceausescu en Rumanía; y, sin ir tan lejos, nosotros mismos, los adecos, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. En un caso, el de Ceausescu, su caída muy justa y en el nuestro absolutamente injusta, pero con resultados similares.

En efecto, Nicolae Ceausescu, el último dictador comunista-stalinista, días antes de ser atrapado y ejecutado por sus propios camaradas cuando huía con su mujer, creía que su gobierno iba a durar muchos años y se negaba tercamente a cambiar su desastrosa política económica, la que estaba arruinando a uno de los países del este que había sido más próspero (si cabe el término en la depauperada región dependiente del Pacto de Varsovia). Lo tumbaron, ejecutaron y ninguno de los que hasta el día anterior le juraban lealtad derramó una sola lágrima por su caída y desaparición del mundo de los vivos.

Carlos Andrés Pérez no fue un dictador, todo lo contrario, por ser demócrata se sometió al juicio más injusto que se tenga memoria en los anales de los procesos judiciales venezolanos. Estaba comenzando a desarrollar una política económica coherente, pero pisaba callos de los “intocables” poderes fácticos. Por esa misma razón mucha gente, de su propio partido y del más alto nivel de las Fuerzas Armadas, lo alertaba sobre una conspiración en marcha, la más grande y amplia de que se tenga memoria, pero no lo creía. Pérez decía que podía llevar adelante su programa de ajustes gracias a su liderazgo y popularidad. Llegó a decir que en América Latina sólo dos mandatarios podían realizar esa política: “Pinochet en Chile gracias a sus fusiles y él en Venezuela gracias a su liderazgo”. La derecha más recalcitrante se alió con la izquierda borbónica y lo tumbaron de la manera más abyecta, salió del poder y hoy toda Venezuela lo lamenta ­–aunque muy tarde. El mismo compañero Pérez llegó a decir con amargura: “hubiera preferido otra muerte”.

A este gobierno le está pasando algo peor, porque desde los sectores que se agrupan en la hoy mayoritaria oposición democrática, hasta los sectores más recalcitrantes del “ancien régime” chavista (desde Aporrea hasta Clíver Alcalá Cordones) le piden que se someta a una consulta popular, porque tiene a medio país pasando hambre por falta de recursos y, a la otra mitad, por el desabastecimiento. Lo trágico no es sólo que se niega a consultar al pueblo, sino que persigue y reprime a todo quien se lo exige. Poner preso al Comisario Coromoto Rodríguez, Jefe de Seguridad de la Asamblea Nacional, es un ejemplo que denota cómo incurre en dos graves errores: el de la ceguera y la de equivocarse con los adecos, al creer que nos puede amedrentar.

Maduro y su entorno íntimo parecen no darse cuenta de que ganar tiempo es perder posibilidades ciertas de recuperación futura y eso es lo que observa, con angustia y desesperación, la militancia del PSUV. En ese partido de políticos experimentados, se dan cuenta de que cada día se reduce su popularidad, mientras crece el rechazo como una bola de nieve inmensa, que amenaza con la avalancha que no les dejaría tabla de donde asirse para comenzar la reconstrucción de un partido de masas cada día más disminuido.

 El revocatorio del mandato de Maduro, aunque él y su entorno no lo crean, es la mejor salida para su gobierno. Un régimen como el actual que ha hecho el daño más grande de la historia de Venezuela, desde las hambrunas sufridas como consecuencia de la Guerra Federal hasta hoy, debería darse con una piedra en los dientes si sale del poder por la vía pacífica, electoral y constitucional que le propone la alternativa democrática. ¿Será que prefieren esperar que la burbuja les explote en las manos? Recuerden a Ceausescu, que nosotros no olvidamos a Pérez.



aecarrib@gmail.com

@EcarriB