• Caracas (Venezuela)

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Danilo Arbilla

Y no es broma

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El socialismo del siglo XXI y la revolución bolivariana de Hugo Chávez y el subsecuente Nicolás Maduro siguen batiendo récords.

 En 2015, por ejemplo, Venezuela se ubicó entre los  primeros países del mundo con el mayor número de muertes violentas. Según el  Observatorio Venezolano de Violencia, la relación es de 90 asesinados cada 100.000 habitantes, con una cifra que casi llega a los 28.000 personas (27.875). Del total de muertes violentas en América Latina y el Caribe, 19 % lo aporta el chavismo.

Y de economía ni hablemos. El déficit fiscal llegó a 20% del PIB. De un PBI que cayo en el año entre 10% y 12%. La inflación supera a 250% en una carrera alocada que nadie se anima a pronosticar las cifras que puede alcanzar. El valor real del dólar, en el mercado paralelo, supera en 120 veces al oficial.

En dos años se multiplicó por una vez y media el número de habitantes en situación de pobreza. Más de dos tercios de la población la sufren y la mitad de ésta  ya en situación de pobreza extrema.

En lo que hace a la vigencia del sistema democrático, los chavistas siempre “van mas allá”. Duplican la fórmula de los tres  poderes independientes de Montesquieu. En Venezuela son cinco, con opción a seis a raíz del surgimiento del inédito Parlamento Comunal Nacional. Este fue inventado por Chávez – hombre previsor– en 20l0, pero recién comenzó a funcionar 9 días después de que el chavismo perdiera las elecciones para la Asamblea Nacional. Con este “parlamento” de las comunas, calificado de “espacio socialista”, Maduro y Diosdado Cabello buscarán recortar los poderes y neutralizar a la flamante Asamblea Nacional. Esta, con mayoría opositora, en los hechos pasó a ser el único poder  independiente.

Al Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional (Legislativo), más el recién puesto en vigencia Parlamento Comunal Nacional, se suman el Judicial (Tribunal Supremo de Justicia), el Electoral (Consejo Nacional Electoral) y el Poder Ciudadano. 

Sobre la “independencia” del Consejo Nacional Electoral, de mayoría chavista, militantes y confesos, los hechos hablan por sí mismos y no dejan dudas. El Poder Ciudadano, en tanto, es ejercido por el Consejo Moral Republicano que lo integran el defensor del pueblo, el fiscal general y el controlador general, sobre quienes huelga aclarar a quien obedecen.

En cuanto al Tribunal Supremo de Justicia, también los antecedentes hablan de “para qué lado patea y viene pateando”. Es más, este cuerpo acaba de  suspender la proclamación de tres diputados de la oposición.

Maduro agradecido, pero igual se ocupó de que la Asamblea chavista saliente designara hace unos días a 13 nuevos magistrados para el TSJ, más sus 21 suplentes. Por cualquier eventualidad.

Esta es, según  Maduro, “la nueva modalidad de democracia que viene de Venezuela y sale de Venezuela como propuesta”.

Parece broma. Pero es en serio.

Veamos. El Poder Electoral es el que “que se encarga de hacer la imparcialidad a la hora de votar”. Y el Poder Ciudadano, con su Consejo Moral, se ocupa de la ética pública y la moral administrativa y de “velar por la buena gestión y la legalidad en el uso del patrimonio público y por el cumplimiento de los principios constitucionales” en Venezuela.

Menuda tarea la del CMR en la Venezuela de hoy, si efectivamente, como debe, se dedicara a ella.

Pero parece que el CMR se va a ocupar en especial, al igual que el Parlamento Comunal, de frenar la tarea de los 112  parlamentarios  que el pueblo venezolano, –cuya decisión no pudieron torcer ni el Ejecutivo ni  el Electoral y solo se atrevió a hacerlo en algo el Judicial–, eligió para terminar con el régimen chavista.