El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Héctor Faúndez

¡La brisa!

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Mientras el presidente Chávez se ocupaba de los preparativos para bombardear Londres, hundir la flota británica e invadir las islas Malvinas, para el caso de que el gobierno de David Cameron decidiera ingresar en la sede de la Embajada de Ecuador y detener a Julian Assange, en la refinería de Amuay se producía una tragedia descomunal, que costó la vida de más de 40 personas, y que dejó casi un centenar de heridos.

Apartándose momentáneamente de sus tareas en el PSUV, y refiriéndose a la explosión ocurrida en la refinería de Amuay, el ministro Rafael Ramírez la atribuyó a "una nube de gas que no se dispersó, por las condiciones ambientales".

¡Como si la brisa fuera la responsable de la seguridad en las instalaciones de Pdvsa! ¡Como si la brisa fuera la responsable de haber autorizado la construcción de viviendas en una zona de seguridad!

Año tras año, cuando uno escucha a Hugo Chávez y a sus ministros, da la impresión de que las calamidades de la naturaleza, o de la fauna silvestre, se hubieran ensañado con este pobre Gobierno, siempre tan pendiente de los problemas de los venezolanos (aunque no tanto como de los problemas de los cubanos, de los nicaragüenses, de los bolivianos, y de los argentinos).

Se culpa a las lluvias de los estragos recientes, como si este no fuera un país tropical, y como si las lluvias fueran un acontecimiento absolutamente inédito e imprevisible. No es culpa de las lluvias que no se limpien las quebradas y que no se destapen los recolectores de aguas. No es culpa de las lluvias que el Guaire se salga de su curso. Y tampoco es culpa de los zamuros, o de las iguanas, que no se le dé mantenimiento a la infraestructura eléctrica.

La tragedia de la refinería de Amuay (no "el evento" al que, con indiferencia, se refirió el ministro Rafael Ramírez), que ha llenado de dolor y sufrimiento a más de un centenar de familias venezolanas, tiene que tener una explicación, y tiene que tener algún responsable.

No es posible que alguien pierda la vida por la negligencia de un imbécil, más pendiente de la campaña electoral que de hacer su trabajo, y que todo siga igual. No puede ser que hechos de esta naturaleza se repitan una y otra vez, en la más absoluta impunidad.

Si un hecho semejante hubiera ocurrido en las instalaciones de una empresa privada, con dos o tres víctimas fatales, con toda seguridad ya se habría iniciado una investigación penal, y el presidente de esa empresa ya habría sido detenido. Pero, en este caso, no se puede detener a la brisa; y mucho menos si esa brisa venía del norte y obedecía instrucciones de la CIA.

Tampoco se puede detener a los fantasmas imaginarios que amenazan a este Gobierno. Ni es la brisa ni es culpa de la naturaleza, señor Ramírez. Las "nubes de gas" que usted menciona tampoco surgen espontáneamente, simplemente porque sí, y cuando menos se espera.

No somos víctimas del destino inexorable, sino de quienes tenían que prever la posibilidad de que surgiera esa "nube de gas" y no tomaron las medidas oportunas para evitar una catástrofe.

La raíz del problema hay que buscarla en la escasez de neuronas y la falta de sentido ético de quienes han llevado al descalabro al país y a la industria petrolera.

Los responsables tienen nombre y apellido, y están en el Gobierno; porque, especialmente en las instalaciones de una empresa del Estado, es únicamente al Gobierno al que le corresponde garantizar la seguridad de todos. Pero no hay que buscar un chivo expiatorio; porque el responsable directo es usted, señor Ramírez, y la persona que lo nombró para ese cargo.

Mi sentimiento de solidaridad con los familiares de las víctimas de una tragedia que se pudo haber evitado, y cuyo dolor y sufrimiento no se va a mitigar con medallitas.

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