• Caracas (Venezuela)

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Marianella Salazar

Hacia un bloqueo informativo

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De nuevo el gobierno nos aplica una maniobra de distracción, al desviar la culpa hacia los medios de comunicación y la televisión, que solo sirve para eludir sus responsabilidades en la solución de los problemas sociales reales que están en la base de la violencia. Resulta una enorme burla que la culpa de la violencia en Venezuela sea de las telenovelas, es falso y una actitud demasiado hipócrita. Desde la cárcel de Yare, Hugo Chávez felicitó al escritor, dramaturgo y guionista de telenovelas Ibsen Martínez por la telenovela transmitida por RCTV, Por estas calles, a la que se acusó de haber hecho un profundo daño y contribuir en la caída del gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando solo fue un grano de arena en la antipolítica in crescendo de aquel momento, como lo admitió el mismo autor. Sin embargo, los fundamentalistas de la revolución no han hecho otra cosa que imponer políticas restrictivas y opresivas a los medios audiovisuales, como la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión –Ley Mordaza–, que se viene cumpliendo al pie de la letra.

Es falso que en quince años de ataques a medios y televisoras, hasta con bombas incendiarias a cargo de huestes con apoyo gubernamental (cómo olvidarlo), posteriores cierres de radioemisoras, amenazas y grandes limitaciones, la televisión, después de ese traumático proceso, se haya convertido en un artefacto de derechas destinado a manipular las conciencias de los “buenandros” para transmutarlos en malandros sin redención. Las causas reales de la violencia –de las que, entre otras, destaca el discurso sistemático del odio–, permanecen intocables y se desarrollan sin freno, con total impunidad.

Lo que está clarísimo, y lo anunciaron para que nadie se llame a engaño, es que van a generar otro tipo de contenidos, con normas propias de sus creencias y de su ideología. Pretenden imponer a la sociedad civil los mismos bodrios de la tediosa televisión oficial, como TVES, cuya señal le fue arrebatada a RCTV y mantiene ínfimos porcentajes de audiencia. No se han percatado de que siempre tendrán mayor rating las programaciones que contienen argumentos con personajes, que con ideologías.

Con la reunión convocada el lunes por el gobierno, con representantes de las televisoras y cableoperadoras, para que eliminen de sus parrillas los contenidos violentos, entramos en una espiral represiva guiada por un gobierno sectario y fundamentalista.

 

Un poco de historia

Después del cierre del canal 2 (2007), el resto de las plantas televisivas edulcoraron la programación, se replegaron, autocensuraron y hasta tiraron la toalla, como el triste caso de Globovisión que, después de resistir una despiadada ofensiva, sus propietarios terminaron vendiendo a empresarios afectos al régimen que reorientaron la crítica a favor del gobierno.

La revolución puede jactarse de haber logrado el control de los medios audiovisuales, al punto de que algunas anclas, siguiendo la línea editorial de los canales privados, se abstuvieron servilmente de llamar por su nombre el crimen a manos del hampa de Mónica Spears y su pareja Thomas Berry y hablaron de su muerte o fallecimiento. El periodismo en ninguna circunstancia puede renunciar a hacer su trabajo con veracidad.

La pensadora alemana Hannah Arendt escribió: “Solo la violencia es muda”. Y aunque los violentos tratan de enmudecernos a través de la fuerza o del poder, para evitar las palabras de aquellos que no estén de acuerdo, hay que colarse por los resquicios que por ahora brindan Internet y las redes sociales, antes de que se concrete el bloqueo informativo con la desaparición del papel para los medios impresos.