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Fernando Luis Egaña

El bloqueo endógeno

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Desde su más reciente visita oficial a Cuba, el señor Maduro está planteando con renovada intensidad que Venezuela es víctima de un plan de bloqueo financiero, crediticio y económico, que estaría siendo urdido por el capitalismo internacional… Nada curioso que repita tanto la palabra “bloqueo”, una de las favoritas de los hermanos Castro Ruz.

Tal pareciera que de la “guerra económica interna”, como excusa propagandística para tratar de justificar la megacrisis económico-social, se va a pasar al “bloqueo externo”, como pretexto para lo mismo. El tema del bloqueo no es nuevo en la retórica de la hegemonía venezolana, y desde luego es el gran tema de la retórica de la hegemonía castrista.

Bloqueo de lo más peculiar el supuesto de allá. Porque bloqueo como tal no es desde la Crisis de los Misiles en 1962. Embargo comercial sí ha habido, pero ya algo relajado porque Estados Unidos figura entre los cinco primeros socios comerciales de Cuba, sobre todo en importación de alimentos. Cabe preguntarse si más bien la existencia de ese embargo relativo sea un activo que los Castro atesoran, porque les sirve de paliativo discursivo para la catástrofe humanitaria en que han sumido a la nación cubana.

Pero volviendo al “bloqueo” de acá, el que está denunciado el señor Maduro, habría que precisar algunas cuestiones. Si Venezuela ostenta una de las deudas externas más costosas del mundo, no es por ningún bloqueo financiero –que bastante han prestado los mercados globales–, sino por el creciente riesgo-país generado por un desgobierno supremamente irresponsable. Esto último no es que lo digan los críticos originarios, es que lo ha escrito y sostenido nadie menos que el exministro Jorge Giordani.

En Venezuela están cayendo las importaciones no por causa de ningún bloqueo comercial, sino porque los fondos y reservas de divisas han sido depredados, y no hay con qué financiar la gigantesca apetencia importadora de una economía cuya producción interna se vuelve fantasmal. Y, además, la fuente que produce las divisas, la petrolera, también se estrecha por causa de menores precios y menores volúmenes de exportación comercial. Nada de esto se llama bloqueo. Se llama destrucción del patrimonio y el potencial de Venezuela. Sea por negligencia o por dolo, no importa, igual es destrucción.

Si el Estado rojo le debe a Raimundo y todo el mundo, no es por culpa de un bloqueo imperialista. Sin la estafa cambiaria de Cadivi en 2012, de 25.000 millones de dólares, la situación morosa no sería todo lo calamitosa que es hoy. Y, en todo caso, la dinámica delirante de controles más burocracia más corrupción que tiene a Venezuela en la lona, en estanflación, en masiva escasez, en explosión de violencia criminal, no tiene nada que ver con un supuesto bloqueo del capitalismo transnacional.

Si vamos a hablar de bloqueo, es decir, de obstrucción, de intercepción, de cierre de paso, tenemos que referirnos a otro tipo de bloqueo. A un bloqueo que se origina desde la hegemonía y que hace prácticamente imposible que el país pueda aprovechar positivamente las oportunidades de la globalización, al tiempo que enjaula la capacidad emprendedora y aplasta el potencial de desarrollo económico y social de la sociedad venezolana.

Eso sí es un bloqueo de verdad. Un bloqueo que surge del primitivismo ideológico, del despotismo político, del pillaje patrimonial, entre otras caracterizaciones esenciales del régimen que impera en nuestra patria. Y se trata de un bloqueo endógeno, que habrá que desbloquear para que Venezuela pueda reconstruirse.