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Itxu Díaz

La belleza infinita de Maduro

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Nicolás Maduro es el hombre más inteligente del mundo. Su brillantez intelectual sólo está a la altura de su indiscutible belleza. Desde James Dean y George Clooney no ha conocido la Tierra personaje más sexy. Su característico y delicado bigote es un campo de tulipanes. Su entrecejo, un festival de ausencias. Su sonrisa, una exposición de rubíes. Y su mirada, la cima de toda seducción. Y qué decir de sus andares, entre la ceremonia del militar, la bondad del fraile viejo, y la indomable atracción de la mejor de las top models

Acompaña a esta belleza exterior, su don de gentes, y una apabullante capacidad oratoria. Cuando Maduro logra engarzar correctamente sujeto, verbo y predicado en una misma frase se produce el milagro, el mundo se detiene, y hasta los pájaros del cielo bajan y se rinden al encanto de sus pies, puro perfume de agua de rosas. 

Tiene Maduro una esbelta figura ante la cual mujeres y hombres perdemos por igual el conocimiento, siendo su sexualidad varonil algo que queda fuera de toda duda, al comprobar la gravedad de su timbre en esos discursos. Que en realidad no son discursos, sino verdaderas lecciones magistrales capaces de hacer que hinque la rodilla ante ellos hasta el más prestigioso de los pensadores políticos contemporáneos. Aristóteles, Nietzsche y Agustín de Hipona son la más absoluta negra noche de la inteligencia al lado del resplandor del gran filósofo moderno, el hombre que ha transformado la política internacional, inventado la democracia, desarrollado la brillantísima teoría de la libertad de los ciudadanos, desenmascarado valientemente al fascismo, inventado la rueda e ideado la receta del flan de queso con mermelada de frambuesa. Me refiero, lo habrán adivinado, al gran Nicolás Maduro. 

Mucho se han reído los ignorantes de siempre al descubrir que Maduro habla con pájaros y éstos le transmiten misteriosos mensajes de parte de su antecesor, ese gran futbolista, Hugo Chávez, del que se ha escrito que nadie sabía tocar las pelotas como él. Olvidan estos ignorantes que no pocos santos han gozado también de esa misma capacidad de comunicarse con los animales, como san Francisco de Asís. Y es que la santidad de Maduro huele a conciencia impoluta, a paz, a verdad, y empapa todo a su alrededor.

Buen cristiano, defensor del muy razonable abrazo del cristianismo con la revolución bolivariana, Maduro ha descubierto que fue la revolución bolivariana la que trajo la salvación al mundo cristiano y que el único medio para evitar el infierno es el socialismo. Desmiente así la despreciable teoría de la conspiración que asegura que el único modo de escapar del infierno en estos momentos es abandonar Venezuela e instalarse en uno de esos países fascistas y tercermundistas como Estados Unidos.

No hay mancha alguna en su trayectoria de emperador designado por los dioses revolucionarios. No hay más esperanza que cada una de sus palabras, esas que están haciendo de Venezuela el país más próspero del mundo, y de los venezolanos los ciudadanos más ricos, libres y felices del planeta. Y es que, en síntesis, no hay más camino hacia el paraíso que el que señala el robusto puño de Maduro alzado al aire, firme contra los vientos fascistas y terroristas, y presto siempre a golpear al principal enemigo de los derechos humanos, el periodista.

Ante esa minoría de exaltados que se autolesiona en las universidades para fingir abusos del gobierno, ante la manada de periodistas que acusan a la Suprema Inteligencia Política Bolivariana de corrupto y violento, intoxicando, y ante la brutal campaña de desprestigio que está sufriendo el que es, con toda probabilidad, el ser más angelical de la tierra, quiero mostrar mi solidaridad, mi admiración, mi eterna deuda, a mi maestro, mi guía, mi capullito de alelí, mi todo. Al gran Nicolás. Tengo, presidente, todos tus libros sobre la mesilla de noche y veo una y otra vez tus discursos en la tele. Cuanto más los veo, más convencido estoy de que eres el mandatario político más importante, influyente y sublime de la Historia de la Humanidad, a años luz del segundo, que es también otra brillantísima cabeza, el expresidente Jimmy Carter. Por todo esto, gracias, Nicolás. Y felicidades. Que se celebra hoy el Día Internacional del Burro, y no quería dejar de rendirte este homenaje en una fecha tan señalada para ti.