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Heinz Sonntag

La ausencia

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En pocos días se cumplen tres meses de la ausencia del Presidente de la República de la vida pública y política de nuestro país, lo que implica una situación muy grave para todos los ciudadanos. Como los actuales líderes del sistema nunca han permitido la publicación de un dictamen médico y siempre se han limitado a informaciones de dudosa procedencia, los venezolanos estamos viviendo una situación llena de rumores de la más diversa índole sobre la situación verdadera del Presidente. Ello produce inestabilidad en la sociedad, y no tan sólo en su esfera política, la cual es resentida tanto por los que siguen a Chávez como por los que se oponen al sistema no democrático que él ha montado en los 14 años de mandato.

Dado su carácter carismático, es menester volver al sociólogo alemán Max Weber, quien introdujo el tópico de la “dominación carismática” en las ciencias sociales contemporáneas. Su definición del carisma reza: “Es una cualidad validada como extracotidiana de una personalidad que es estimada como dotada de fuerzas o cualidades sobrenaturales o sobrehumanas, no accesibles a nadie más y por ende como modelo y ‘líder’. Es totalmente indiferente cómo esa cualidad debería ser juzgada como ‘objetivamente’ correcta desde el punto de vista ético. Lo importante es solamente cómo es valorada por los dominados carismáticamente, los ‘partidarios”. El reconocimiento por los dominados no es la base de la legitimidad, sino la obligación de los escogidos por vocación o dedicación para ser los portadores que reconocen esa cualidad. Este reconocimiento es psicológicamente una entrega muy personal por entusiasmo o necesidad y esperanza. Esta definición de la dominación carismática implica obviamente que el líder está presente, esto es: que ejerce el carisma todos los días. Implícitamente, Weber lo reconoce cuando señala que es un peligro para el ejercicio de la dominación carismática que no sea reforzada en la cotidianidad de todos los días.

Ahora bien, la ausencia prolongada del Presidente, en su condición de líder carismático, es un peso enorme para sus partidarios, especialmente los venezolanos de a pie que han optado por seguirlo por entusiasmo o necesidad y esperanza. Ellos ven en los líderes actuales del chavismo meros encargados de llevar la dominación mientras que dure la ausencia. Maduro y Cabello, Jaua y los demás no son carismáticos porque esta condición no es transferible, ni siquiera cuando el líder ha ordenado que ellos se hagan cargo.

En cuanto a la alternativa democrática, la ausencia del Presidente es igualmente un dilema. Antes que nada, los líderes designados por el Presidente llevan el desprecio hacia los opositores a extremos, lo cual significa mucho, aunque el líder nunca se haya abstenido de agredir a los que no nos vemos como portadores de su carisma.

En los países de América Latina, este fenómeno se ha venido repitiendo históricamente desde la independencia y los primeros 50 años del siglo XIX. Los marcos constitucionales e institucionales de las primeras repúblicas fueron diseñados con apego a los principios de las luchas por la independencia en Norteamérica desde 1785 en adelante y la Revolución Francesa desde 1789. Sin embargo, fueron pocos los países que lograron mantener esos marcos durante todo el siglo XIX.

Durante el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, nuestro país siguió los pasos de la mayoría de los otros Estados. La Revolución de Octubre 1945, en opinión de Germán Carrera Damas, fue el momento de la imposición de la modernidad, con una Constitución que garantizaba el derecho de voto a todos los ciudadanos y el reconocimiento de la naturaleza democrática del Estado. A pesar de la interrupción de este proceso por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez entre 1948 y 1958, el proceso de modernidad, y por ende de la democracia, continuó en los decenios siguientes a 1958, aunque bajo el signo del populismo, tal y como ocurrió en otros países. El populismo se caracteriza, entre otros rasgos, por la cercanía de los líderes del Estado a los ciudadanos. Una ausencia prolongada del Presidente de un Estado con régimen populista fue prácticamente imposible. Esto es: la dominación carismática se vistió con ropaje democrático, en el sentido de que la elección del líder ocurrió por la vía de elecciones.

En resumen, una prolongada ausencia del presidente-líder no formaba parte de la “cultura política” de los ciudadanos. Por ello, cuando ocurrió a partir del 8/12/2012 causó reacciones en toda la ciudadanía.

Cabe acotar que las instancias encargadas de “poner orden” en la crisis creada por la ausencia del Presidente no cumplieron con sus responsabilidades: ni el Parlamento, ni la Defensoría del Pueblo ni el Tribunal Supremo de Justicia, esto es: una prueba más de su sumisión al Poder Ejecutivo, a pesar de que su máximo representante está ausente. Ello suele ocurrir en periodos de dominación carismático-totalitaria, como muestran los casos de países sometidos al fascismo y al comunismo.