El lado perverso de la derrota
26 de abril 2013 - 00:01
El retroceso de Maduro y de las integrantes chavistas del CNE, luego de haber aceptado el recuento de votos para alejar y disipar cualquier duda –razonable por lo demás– sobre la veracidad de las cifras electorales, llama la atención. En sano juicio, el primer interesado en que se aclare todo debería ser el propio Maduro, pero no es así. Más bien, las cosas se han complicado y descompuesto, intencionalmente, con la actitud pública de las rectoras, que han intentado, con una retórica cargada de galimatías, negar lo aprobado por ese cuerpo comicial. Las damas en cuestión se desdicen sin rubor alguno, enredadas en su propia salsa, convierten en una opera bufa sus actuaciones y tiran al cesto de la basura la poca credibilidad que tenían.
Claro está que, desde que Maduro le comunicó a Capriles, cuando conversaron telefónicamente (por iniciativa del Comando Simón Bolívar) para tratar de buscar una salida a la crisis política que apenas asomaba sus fauces, que tenía que consultar para poder darle una respuesta, quedó patentizado que no estaba en condiciones de decidir por sí mismo. Entonces, cuando aceptó, la misma noche eufórica de triunfalismo, recontar los votos, tampoco había pedido permiso. La interrogante lógica es ¿a quién está obligado Maduro a pedir consejo para tomar decisiones? ¿A Raúl Castro o al pajarito…? O, ciertamente, a ambos.
Quien se siente seguro de su victoria no niega la auditoría ciudadana tal como está planteada en ley y en el reglamento que norma la materia. Esto es un evidente síntoma de que algo raro están ocultando. Y eso ya no es un secreto a voces, sino una sensación convertida en certeza. Maduro rompe todas las reglas del juego, y le da así un palo a la lámpara. Ganar (?) por estrecho margen sin permitir la validación así lo confirma. En lo particular, no me cabe la menor duda, a pesar de navegar con viento en contra, Capriles resultó ganador de la contienda, de lo contrario no estarían pataleando con tanto nerviosismo.
No hay que ser muy suspicaz (conociendo cómo se bate el cobra en la ya magullada revolución bolivariana) para inferir que la negativa de las “flamantes” rectoras obedece a síntomas evidentes de descomposición política y moral. Pero, como dice el adagio popular, tarde o temprano, “la tramposería sale”…
Lo que tratan de ocultar, por más malabarismos que hagan, se conocerá. La verdad se impondrá y, como ha dicho Capriles, habrá que repetir los comicios; o, de lo contrario, el régimen, para mantenerse, profundizará la represión para intentar aquietar por la fuerza la legítima y pacífica protesta y arrechera ciudadanas utilizando los organismos de seguridad del Estado y los grupos parapoliciales (llamados eufemísticamente “colectivos”, copia del modelo cubano y de la convertida en caricatura de pacotilla revolución sandinista, y de algunas feroces dictaduras del pasado). Esto, a todas luces, será el principio del fin de los enchufados disfrazados de revolucionarios…

