• Caracas (Venezuela)

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Elsa Cardozo

Memorias peruanas

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Venezuela sigue siendo un trastorno que los disimulos diplomáticos del vecindario no logran encubrir ni evadir. Están a la vista ambigüedades e incomodidades que la secuencia peruana de semanas recientes ilustra muy bien.

Fue bajo la presidencia temporal de Ollanta Humala que la Unión de Naciones Suramericanas se reunió y acordó una declaración que felicitó las elecciones en Venezuela e instó a respetar sus resultados; pero también llamó al diálogo y a la preservación de un clima de tolerancia, celebró la decisión del Consejo Nacional Electoral de adelantar la auditoría del total de las mesas y anunció la formación de una comisión para acompañar las investigaciones sobre hechos de violencia postelectoral.

Al incumplimiento gubernamental venezolano del compromiso hecho en Lima se sumó el desconocimiento y la golpiza a los diputados de la oposición en plena sesión de la Asamblea Nacional. Dos días después de las agresiones el Congreso peruano recibió a Leopoldo López y al diputado Eduardo Gómez Sigala, quienes declararon que esperaban se solicitara una reunión de la Unasur para tratar la crisis de la democracia venezolana. Pasada una semana, el canciller peruano Rafael Roncagliolo declaró que ese foro debía reunirse para evaluar la situación, anunció que haría las consultas necesarias y recordó al Gobierno de Venezuela el compromiso de tolerancia y diálogo suscrito con sus pares suramericanos. Vinieron enseguida la reacción de Maduro contra la injerencia del canciller peruano en asuntos internos de Venezuela, con el amenazante “usted ha cometido el error de su vida”, y la orden de retiro del embajador en Perú.

Una llamada de Humala a Caracas resolvió el impasse y negó la intención de promover la convocatoria regional. Mientras tanto, el embajador peruano Luis Raygada criticaba a los congresistas de su país por recibir a los diputados venezolanos, lo que le hizo merecedor de una condecoración bolivariana. En el embrollo gubernamental peruano de declaraciones y contradeclaraciones, el embajador renunció y también el canciller.

En estos días se leen en la prensa peruana notas sobre la muy favorable balanza comercial con Venezuela; los movimientos a calcular por el Presidente sin mayoría propia en el Congreso; el recelo de sus opositores sobre las banderas políticas radicales que bajó para construir alianzas y ganar en la segunda vuelta electoral, así como los rumores acerca del interés por alguna fórmula reeleccionista, quizá la conyugal. También son noticia los equilibrios geopolíticos que procura el gobierno de Humala ante el litigio marítimo con Chile y las prioridades económicas de sostener el crecimiento, el atractivo para los inversionistas y los vínculos con Estados Unidos y la cuenca del Pacífico.

Sí, la crisis en Venezuela es una incomodidad para Humala y otros presidentes. Qué pena que no sea más que eso.

Las visitas de los diputados venezolanos a sus pares en otros países está teniendo el saludable efecto de romper el cerco presidencialista a la agenda de la protección de la democracia y los derechos humanos. Su presencia en Lima, la más reciente en un encuentro de Solidaridad Interparlamentaria, está contribuyendo a refrescar la memoria de la pérdida de la democracia peruana entre 1992 y 2000, entre el abandono y el efectivo acompañamiento internacional.

La solidaridad parlamentaria puede, cuando menos,lograr que los presidentes del vecindario no les compliquen la faena a los demócratas venezolanos.