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Marcos Tarre

El asesinato de Robert Redman

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El joven Roberto José Redman Orozco, de 31 años de edad, recién graduado de piloto privado, fue la tercera persona asesinada en Caracas en las manifestaciones y situaciones posteriores ocurridas el miércoles 12 de febrero de 2014.

Robert, como lo conocían sus amigos y familiares, había participado intensamente en los eventos del día, tanto en la marcha como en los hechos posteriores en La Candelaria y en la noche en Chacao. Ferviente opositor al gobierno de Nicolás Maduro, en su cuenta de Twitter @EscualidoReload relató en pocas palabras algunos de los momentos que vivió.

Robert Redman aparece en varias fotos, con una gorra negra volteada y una bandera tricolor amarrada del cuello, ayudando a levantar y trasladar el cuerpo del estudiante Bassil Alejandro Dacosta, asesinado de un tiro en la cabeza en La Candelaria. Escribió en su cuenta Twitter: “Hoy me pegaron una pedrada en la espalda, un cascazo por la nariz, tragué bomba lacrimógena, cargué al chamo que falleció, ¿y tú qué hiciste?”. Más tarde nuevamente escribió: “Al momento, herido en antebrazo de perdigón de plomo en Chacao”.

Enardecidos por la brutal represión y las muertes ocurridas en el día, los disturbios se prolongan varias horas, en distintos puntos de la ciudad. En el bulevar Arturo Uslar Pietri, unas cuadras más abajo del centro comercial San Ignacio, en la noche hay enfrentamientos entre manifestantes y la Guardia Nacional, objetos y desperdicios obstaculizan la vía, los vecinos gritan; abajo, la gente corre, se protege o se desplaza de un sitio a otro. Según relatan testigos, una moto, con dos tripulantes se acercó. El padre de Robert, Derrick Redman, de 77 años, relató a la prensa lo que le contaron: “Eran dos personas en moto, tenían un casco integral donde no se ve la cara de las personas que dispararon. Llegaron a la zona en una moto de alta cilindrada, tenían chaqueta de cuero, pantalón verde y el parrillero sacó la pistola, disparó y le dio un tiro a mi hijo en la frente y a otra chica que estaba en la zona, supuestamente un disparo rasante”.

Algunas versiones señalan que el parrillero de la moto disparó muchas veces y hubo varios heridos. Existen confusos videos, tomados con los teléfonos celulares de testigos, pero entre saltos de cámara y poco foco apenas se divisa un cuerpo en la calle y gente que comienza a rodearlo y las frases del camarógrafo o de alguien cercano: “…Ahí tirado, míralo… Coños de madre. No joda…”. Pero también hay una foto, aterradora, del joven, tirado en la calle, cerca de una tapa de alcantarilla, boca arriba, las manos sobre el cuerpo, todavía la bandera a modo de pañoleta en el cuello y un hilo de sangre roja y espesa que sale de su cabeza.

Sobre este asesinato, nuevamente el presidente Maduro se apresuró en formular comentarios, que lejos de aportar evidencias o consuelo a las víctimas, generan más dudas y opacidad. El presidente, solo porque el asesino disparó desde una moto de alta cilindrada, sugirió que podría tratarse de un sicariato: “…Como quien asesina a alguien por encargo”; obviando que las motos de alta cilindrada abundan entre los cuerpos de seguridad o los escoltas de jerarcas del alto gobierno o que esa misma mañana funcionarios del Sebin implicados en la muerta de Bassil Dacosta también tenían motocicletas de ese tipo.

Ha pasado mes y medio desde el asesinato de Robert Redman, tiempo suficiente para adelantar investigaciones o, por ejemplo, hacer pruebas de trazas de pólvora a todos los funcionarios o escoltas que estaban en la calle esa noche para descartar o confirmar si usaron sus armas de fuego… Sin embargo, nada se dice, nada se sabe, no hay sospechosos ni se mencionan pistas, no hay información de las pesquisas, nada se dice tampoco de la versión de “sicariato” lanzada por el presidente Maduro. ¿Y entonces…?