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Marcos Tarre

El asesinato de Bassil Alejandro Dacosta

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La avenida Este 2 cruza con la avenida Sur 11 en la Candelaria. Son calles angostas, algunos altos edificios se mezclan con construcciones bajas, más viejas; con locales comerciales a nivel de calle. Las nuevas generaciones, pocos familiarizadas con las antiguas direcciones de Caracas quizás no saben que ese punto es la esquina de Tracabordo, pero ahora todos recuerdan, especialmente los estudiantes, que ese fue el sitio donde cayó muerto de un tiro en la cabeza el joven de 23 años de edad Bassil Alejandro Dacosta, estudiante de Marcadeo de la Universidad Alejandro de Humboldt, el día 12 de febrero del 2014, entre las 3:13 y 3:17 de la tarde.

De ese dramático hecho existen tres videos realizados por aficionados, tomados desde diferentes ángulos, y más de 100 fotografías. Quizás esto permitió la rápida identificación de los culpables. El Ministerio Público, luego de la investigación realizada por el Cicpc, ordenó privativa de libertad para 5 funcionarios del Sebin. Previamente habrían sido detenidos un comisario del Sebin, así como dos funcionarios del Ejército, supuestamente escoltas asignados al Ministerio del Interior.

En los videos de la esquina de Tracabordo se observa a varios uniformados, con cascos, lentes oscuros, armados con pistolas y escopetas, disparando repetidas veces y recargando sus armas. Igualmente se ve junto a ellos a hombres de civil, también con cascos y koalas, accionando sus pistolas. Tanto los uniformados como los civiles, presumiblemente los escoltas, son hombres fornidos, con experiencia y entrenamiento en manejo de armas. No son jovencitos recién graduados iniciando su carrera policial. La marcha de los estudiantes hasta la sede de la Fiscalía General ya había terminado y comenzaron a ocurrir hechos violentos en distintos puntos de la ciudad. En los videos se aprecia también a los estudiantes corriendo hacia donde están los funcionarios, gritando y lanzando alguna piedra. Los funcionarios retroceden y la avanzada de estudiantes logra llegar hasta una moto oficial. En ese momento suena una primera andanada de disparos, muchos, como si hubieran recibido la orden de disparar todos juntos. Los muchachos retroceden corriendo. Ya cuando los últimos llegan a la esquina para ponerse a resguardo, los disparos siguen y se ve caer a un muchacho de franela y pantalón negros. Dos compañeros de inmediato toman su cuerpo y lo arrastran hacia atrás. Se trataba de Bassil Dacosta. Recibió un impacto de bala en la cabeza y cayó.

Si bien, según las autoridades, los autores del asesinato están detenidos, todavía surgen muchas dudas. ¿Qué hacían esos funcionarios y escoltas en la calle en ese sitio de la ciudad? ¿Quién fue el superior que les ordenó estar ahí? ¿Acaso el Sebin tiene funciones de orden público? ¿Cómo es posible que funcionarios curtidos y entrenados sacaran sus armas de fuego y dispararan, no al aire para asustar o amedrentar, sino horizontalmente, para herir y matar? ¿En qué manual o procedimiento del Sebin se dice que los agentes pueden disparar a matar porque los insultan, les lanzan piedras o puedan quitarles una moto?  Cuando cae Bassil Dacosta, los muchachos corrían en desbandada, ya ni siquiera existía un asomo de amenaza contra los funcionarios… En otro video se ve claramente que en la calle, unos metros más atrás de los funcionarios del Sebin, había una patrulla de la PNB y motos de la Guardia Nacional. ¿Cómo es posible que esos agentes asistieran impasibles y no intentaran detener la masacre que cometían sus colegas del Sebin? ¿No son cómplices ellos también? El Cicpc actuó con celeridad, el Ministerio Público dictó privativas de libertad y el presidente Maduro, sin dar ninguna explicación al país removió al director del Sebin. Es hora de que se presenten los culpables ante los medios, que vayan a tribunales y que no sigan, supuestamente, simplemente retenidos en alguna oficina. Para la familia de Bassil Alejandro Dacosta, como para la de todos los caídos y heridos desde el 12 de febrero, es necesario, es imprescindible que exista transparencia en las investigaciones y procesos, verles la cara a los asesinos y agresores y que se haga justicia. Esto no compensará de ninguna manera el daño y la pérdida sufrida, pero que nuestros fiscales y jueces comiencen a hacer justicia es un primer paso para desenmarañar el nudo gordiano y perverso de la impunidad que tanto duele, a escala personal así como para toda la sociedad. Ya es hora de que el Estado se preocupe, atienda y apoye a todas las víctimas, no solo a las de su propio bando…

marcostarre@gmail.com @marcostarre