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Fernando Londoño

De asamblea fantasma sale candidato fantasma

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No la tuvo fácil el presidente del partido de “la U”, Sergio Díaz-Granados, para economizarle al doctor Santos otra silbatina como la que le regalaron en la convención conservadora. Le fueron menester todas las argucias y todas las miserias disponibles en el arsenal de las más putrefactas prácticas politiqueras. Y las utilizó sin pudor. ¿Al fin y al cabo, para qué están los sedicentes magistrados del Consejo Nacional Electoral?

Convocatorias amañadas, plazos de horas que corrían a partir de las 12 de una noche cualquiera, escenarios virtuales, concejales escogidos a dedo por los senadores, puertas cerradas para prohibir el ingreso de curiosos y de la prensa, todas esas indecencias fueron denunciadas por el senador Juan Lozano. En el recinto de la Asamblea en Bogotá, a donde no llegaron más de 50 personas, después de descontar escoltas y otros servidores, a Lozano lo ultrajaron, y le cortaron el internet. Y a la salida, la campana neumática que se aplica a los que resulten incómodos para la campaña de la mermelada que dirige el prócer venezolano J. J. Rendón.

Quedaba por ver lo que pasaba en las distintas ciudades del país que componían esa parodia. Aquí viene una corta mirada a ese panorama fantasmagórico.

En Pasto, sencillamente no hubo Asamblea. Poco faltó para que sus organizadores liquidaran sus desacuerdos a puñetazos. La de Cali quedó furtivamente grabada. Un gran salón, modernos equipos de alta tecnología, telón perfectamente visible para el que tomó las imágenes y tres concurrentes. Como se filmaron de espaldas, se ignora si eran los técnicos contratados para la transmisión o tres concejales de sendos pueblos del Valle que, paseando por Cali, entraron a ver lo que pasaba.

En Manizales eran 19 los asistentes, que en voz muy alta discutían lo que podían hacer ante tan escandalosa falta de quórum. En Bucaramanga ‘la U’ tiene tres concejales, y dos de ellos confirmaron que nunca tuvieron noticia de la Asamblea. El tercero movió sus masas y los cálculos de asistencia fluctúan entre 5 y 7 parroquianos, sin claridad respecto a que en la cifra cuenten el técnico y la señora de los tintos. En Medellín, capital de un departamento con más de 120 municipios, no se reunieron 35 personas. En Popayán espantaban y en Santa Marta, la tierra de Díaz-Granados, encerraron a los asambleístas, que no pasaron de treinta, en el hotel Irotama. Barranquilla no supo de Asamblea.

Santos llegó al Centro de Convenciones. La Asamblea se trasladó a un salón vecino, porque daba pena el recinto en el que supuestamente deliberó. Y la gritería, los globos, los abrazos con Roy, con Benedetti y con Padilla fueron un simulacro para 70 personas. Siendo prohibida la participación de incómodos terceros, no pudieron prohibir la filmación de la entrada y de la salida. El único grupo numeroso de llegada que recogieron las cámaras fue el del Batallón Guardia Presidencial.

Díaz-Granados acertó. El ambiente estaba para pitos y flautas, que economizó al costo de semejante pantomima. Según sus datos, Santos fue elegido candidato, por un partido que cuenta con más de 2.300 concejales, por algo así como infelices 770 votos. Qué decir tiene que nadie presenció la votación, que se economizaron papeletas y testigos y que no hay acta alguna de las reuniones regionales.

Los abogados sabemos bien aquello de que nadie puede dar mejor derecho del que tiene. Una asamblea fantasma deja un candidato fantasma.

A la famosa Mesa de Unidad se le fue el Partido Verde, se le fue el conservatismo y de “la U” no quedan sino “tiras de piel, cadáveres de cosas”. En suma, que el Fantasma de esta opereta solo conserva algún pote de mermelada y alguna encuesta acomodada. No es mucho equipaje, sea dicha la verdad.