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Sergio Dahbar

El arte de estar en el limbo

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Dentro de muchos años algún historiador se tropezará con hechos que no podrá explicar fácilmente. Aclarar por qué el Presidente de la República se operó, al borde la muerte, en un país extranjero será tarea compleja. Establecer cómo salió de esa intervención el martes 11 de diciembre de 2012, más difícil aún. Y analizar cómo siguió funcionando el país, en un estado parecido al limbo, un desafío de titanes.

Cuando revise las cadenas oficiales y las declaraciones de los funcionarios públicos, en busca de una luz para comprender semejante panorama, encontrará escollos complicados. Tendrá la impresión de que el gobierno entero estaba integrado por evangélicos alucinados, que optaban por sollozos religiosos antes que por datos precisos de la realidad.

Si estuviera con vida Martin Gardner (1914/2010), escéptico que se dedicó a la divulgación de la ciencia, matemático con notables libros para todas las edades, reconocería que Venezuela se deslizó hacia la dimensión desconocida, no lugar que explora en su volumen Festival mágico-matemático (Alianza Editorial).

En ese libro Martin Gardner indaga numerosas expresiones de la Nada. Algunos lectores considerarán su trabajo como un anatema propio de un filósofo conservador de otra época, que no entendía nada de vanguardias, ni de trabajos conceptuales contemporáneos. Podría ser.

Refiere la tapa de una revista de 1901, Mind, que exhibe un recuadro blanco. Es una imagen del Absoluto, según los editores. La recomendación para los lectores no deja de ser sorprendente: “Póngase el ojo de la fe, con cariño pero firmemente, en el centro de la página, guíñese el ojo y mírese fijamente hasta que usted Lo vea”. Si no lo ve, aconsejan consultar al mentalista.

Gardner no se queda aquí. Refiere los cuadros de Ad Reinhardt, que comenzaron siendo lienzos azules, luego rojos y más tarde negros. Se vendían en los años sesenta a 12.000 dólares. Para algunos fue un charlatán bien estructurado.

Otros consideraron que la obra de Reinhardt era “una manifestación definitiva de la pureza estética”. Se convirtió en una referencia del nadaísmo y del minimalismo, tan toqueteado por la crítica cuando no sabe qué decir frente a la Nada.

Gardner incluye en su paseo la obra clásica del compositor, poeta, filósofo y recolector de setas John Cage, 4’33”: ejecución limpia, depurada, sobria, del cero absoluto en temperatura.

A un periodista curioso, como el uruguayo Homero Alsina Thevenet, le sorprendía la descripción de la Enciclopedia británica de esta obra de Cage: “Pieza muda para cualquier instrumento o combinación de instrumentos”. Por eso bromeaba con la idea de que su ejecución se encontraba al alcance de cualquier “principiante o combinación de principiantes”.

Gardner enfila hacia un clásico de notables repercusiones: Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, del inglés Lawrence Sterne (1759/1767). Se publicó en nueve volúmenes. La crítica fue reservada: Samuel Johnson dijo que “nada extravagante puede perdurar”.

Lo curioso para Gardner son los capítulos 18 y 19 de la obra de Lawrence Sterne: ambos están compuestos por páginas en blanco. Sobre este aspecto, este matemático descreído recuerda otros libros que nadan en el color blanco: Lo que sé sobre las mujeres, Ensayo sobre el silencio y Para una contribución sobre la inteligencia militar.

Estas expresiones artísticas de la Nada, que fueron vilipendiadas y aplaudidas a lo largo de los siglos, ganaron prestigio con los años y tienen un lugar en la historia del arte y de la cultura, en un sentido más general.

No hay que restarle importancia al momento histórico que vive Venezuela en la actualidad. El Presidente se encuentra fuera del país. No conoce su estado de salud real. Ni se puede asegurar que volverá como lo conocíamos.

Toda conjetura es un enigma. Podría pasar que una vez desaparecido regrese, poniendo en serios aprietos al flamante presidente que resulte elegido cuando se haya producido, Dios no lo quiera, la ausencia absoluta.

Esas son las cosas raras que ocurren cuando uno ingresa en los intrincados territorios de la Nada, no lugar donde todo pareciera seguir igual a pesar de haber cambiado drásticamente en el momento menos esperado.