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Sergio Dahbar

El arte de la estafa

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Para el cine la estafa ha sido un pulmón invalorable y una forma de trabajar una pulsión ancestral del ser humano. Recordemos El golpe, de George Roy Hill (1973); De mendigo a millonario, de John Landis (1983); Casa de juegos, de David Mamet (1987); Nueve reinas, de Fabián Levinsky (2000); La gran estafa, de Lewis Miles (1961) y de Steven Soderbergh (2001); Atrápame si puedes, de Steven Spielberg (2002); El plan perfecto, de Spike Lee (2006), por citar algunas tramas.

Este año David O. Russell, director de American Hustle, persigue la estatuilla del Oscar a la mejor película después de haber recogido el Globo de Oro que entregan los periodistas extranjeros en Hollywood.

En la historia de las estafas clásicas sobresale la del jeque árabe, que llega a un sitio donde todos esperan dinero para convertir una gran idea en un negocio espectacular. Hasta Caracas vivió sus quince minutos de éxito con la llegada de un jeque árabe en los años ochenta que fue celebrado como la llegada del mesías.

Y justamente esta figura emblemática del nuevorriquismo global, interpretado por un actor de origen latino, Michael Peña, es uno de los centros neurálgicos de esta jugarreta americana que fascina desde sus primeras imágenes.

American Hustle pone en escena de manera magistral una estafa con todos los componentes del sueño americano: el éxito rápido, la ilegalidad encubierta en un negocio perfecto, las alianzas entre autoridades federales y estafadores, la mafia como trasfondo de todo negocio torcido y la sensualidad de unas mujeres que no son lo que aparentan y que se llevan a los hombres por delante.

Quien se acerque a sus imágenes advertirá la excelencia de fotografía, de la edición, de la escogencia de la música, de la recreación de los años setenta… Sin mencionar un conjunto de actores excepcionales: Christian Bale, Bradley Cooper, Jeremy Renner, Jennifer Lawrence y Amy Adams.

Russell cuenta una historia que según las primeras líneas del film se parece a la realidad. Y es cierto. Tomaron los hechos de una operación encubierta del FBI, llamada Abscam (ab por arab y scam por estafa), en la década de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Lo que comenzó como una investigación de bienes robados por unos estafadores de poca monta se transformó en un tsunami de corrupción pública que arrastró a senadores y a empleados municipales de Nueva Jersey.

En 1978, el FBI lanzó una operación para eliminar funcionarios corruptos de Estados Unidos mediante la utilización del estafador convicto Melvin Weinberg. El FBI creó una compañía falsa, conocida como Abdul Enterprises Ltd. Era una fachada para la investigación. Grabaron en video a un jeque árabe falso llamado Abdul Rahman (interpretado por un agente del FBI) ​​y a varios funcionarios públicos.

La operación Abscam condujo a la condena de un senador de Estados Unidos, seis miembros de la Cámara de Representantes, un senador del estado de Nueva Jersey, un miembro del consejo de la ciudad de Filadelfia, el alcalde de Camden, Nueva Jersey, y uno de los miembros del Servicio de Inmigración.

El alcalde de Camden, Nueva Jersey, Angelo Errichetti (interpretado en el film por Jeremy Renner) estaba en el centro del escándalo y estuvo tres años en prisión. Las banderas de la ciudad de Camden estuvieron a media asta tras su muerte en mayo de 2013. Sus representados nunca les perdonaron a las autoridades que encarcelaran a un hombre que luchó por la comunidad para salvarla de la ruina.

Hay escenas inolvidables, como el momento en que Christian Bale le regala la ropa que nadie reclama de su tintorería a Amy Adams. O uno de los instantes claves de la trama: cuando le presentan el jeque árabe, que aparentemente va a poner mucha plata en Atlantic City, a un jefazo de la mafia, interpretado como siempre de manera impecable por Robert de Niro. La tensión y el desenlace resultan magistrales.

Todas las actuaciones sobresalen, pero hay que detenerse con cuidado en el duelo entre dos mujeres jóvenes y atractivas, Jennifer Lawrence y Amy Adams, que se pelean por un estafador gordo y calvo. Hay odio, revancha, venganza, pero muchísima sensualidad en una época de senos a punto de desbordarse y discotecas frenéticas. Semejante parafernalia sirve de contexto para recrear el mito del cazador cazado por unos estafadores por los que nadie daba ni medio dólar.

 www.sergiodahbar.com