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Pedro Llorens

Le arrullaron la viva diana al CNE

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El chavismo encamburado, candidateado, en cola o en plegarias para ingresar o reingresar al gabinete de Corazón de mi Patria (José Vicente debe tener velones prendidos por toda la casa), ha caído al nivel más bajo de la adulancia: el de la ridiculez, la bufonada, la mamarrachada y también, la truhanería… lo que es reivindicado por los más audaces y menos duchos, con el pretexto de una cooptación (se parece pero no lo es) en la que “el amor del pueblo expresado al comandante se transfiere al candidato del comandante” (es lo que entiende Tareck el Aissami, escogido a dedo para competir en Aragua).  

Aparte de que no es verdad que los empleados públicos, los damnificados instalados en construcciones oficiales, civiles y militares o en edificaciones privadas, y en los cientos de miles, quizá millones, traídos, navegados, cedulados y empadronados, destilen amor a la hora de votar nariceados, exigidos, chantajeados por secuaces de los pichones de Maquiavelo al servicio de Corazón de mi Patria… queda pendiente una explicación lógica sobre el misterio de la “operación rescate” consistente en aplicar la consigna cubana de convertir el revés en victoria, con arrebatos propios de Jalisco, justo a la hora del cierre de los centros de votación (aparecen miles de vehículos oficiales, oficialistas, oficializados, cargados de fantasmas… “¡Deja que salga la Luna / deja que se oculte el Sol/ deja que caiga la noche/ pa’ que empiece (se transfiera) nuestro amor!”. (Lo dijo José Alfredo Jiménez, ¿cuándo no?).   

Lo que no logro entender es que el CNE y sus rectoras perrito e’ taxi, puedan resultar lo suficientemente confiables como para que sectores importantes de la oposición rechacen de plano y con furia la posibilidad de fraude (mejor hablemos de engaño, falacia, bribonada, estafa, robo o simplemente trampa, pa’ que no se arrechen).

Moisés Naím, analista de fama internacional, tiene la respuesta al hecho de que un candidato en declive, que llegó balbuciente al final de la campaña, fuera protagonista de una sólida victoria: “La derrota no la produjo el Presidente sino una maquinaria a cuyo servicio estaban dispuestos ingentes recursos del Estado, utilizados sin límite” (entrevista con Roberto Giusti, El Universal 4/11/12).

Y el alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, le arrulló la viva diana a la rectora Sandra Oblitas y, en lugar de “ayudaítas” exigió igual trato, acceso a todo, y dejar de manejar el organismo electoral como “si fuese una pulpería”… y así es que se hace oposición.