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Guillermo Maya

Los arrepentimientos de la Tercera Vía

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En Cartagena de Indias se reunió Juan Manuel Santos con sus amigos de la Tercera Vía: Bill Clinton, Fernando Cardoso, Ricardo Lagos, Felipe González y Tony Blair. El propósito no solo era demostrar que su gobierno no tiene nada de castro-chavista, sino también de recibir un apoyo de personalidades internacionales a las conversaciones sobre la terminación del conflicto con las FARC. En términos de definición política y de agrupar opinión intencional, una buena jugada de JMS.

El principio económico básico de la Tercera Vía es tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario. Vino viejo en botellas nuevas. No hay un solo país capitalista desarrollado, desde antes de Adam Smith, en donde el Estado no haya intervenido, de múltiples maneras, en beneficio de las economías nacionales.

Entre todos ellos, Bill Clinton es de lejos el personaje más interesante, no tanto porque haya metido la pata, que la ha metido muchas veces, sino porque su complejo de culpa cristiana le hace confesar sus “crímenes” en público, y se arrepiente de ellos. Dos casos:

Primer arrepentimiento, la desregulación financiera: sin duda alguna, una de las causas principales de la presente crisis económica mundial, que viene desde 2008, y que no termina, y que ha castigado con más dureza a los países desarrollados, es el proceso de desregulación financiera que sufrió Estados Unidos. Este proceso abolió las leyes regulatorias que surgieron como consecuencia de la crisis de 1930, para conjurar las causas que la habían generado. Ese marco regulatorio mantuvo estable la economía estadounidense por cerca de 80 años. ¿Quiénes son los villanos de la película?

Para Robert Scheer, el culpable es Bill Clinton, firmante de la Ley de Modernización Financiera (1999) y la Ley de Futuros de Productos Básicos (2000): “El incremento enorme de las hipotecas colateralizadas y otras deudas, y la burbuja que estalló, fue el resultado directo de la legislación desregulatoria que se abrió paso durante los años de Clinton”. Los clintonianos, Larry Summers, después consejero económico de Obama, y Robert Rubin, al igual que Alan Greenspan, bloquearon con la expedición de la Ley de Modernización “cualquier regulación eficaz de los derivados de venta libre (over the counter) que se convirtieron en activos tóxicos”. (Regan Didn't Do it, The Nation, junio 3-2009).

Finalmente Clinton, quien la fumó pero no la aspiró, se arrepintió: "Sí creo que se equivocaron (Summers y Rubin, sus asesores económicos, y Alan Greenspan, presidente de la FED) y creo que me equivoqué al tomar [su consejo] [a favor] de los derivados. (..) Este es un error que cometí (ABCnews, abril-2010). Sin embargo, los derivados siguen sin ninguna regulación. Todo parece indicar que Wall Street es más importante que el ciudadano común.

Segundo arrepentimiento sobre las políticas de libre comercio que obligaron a Haití a importar arroz: “En 1995, durante el gobierno de Clinton, el Banco Mundial y el FMI obligaron a Haití a reducir el arancel a las importaciones de arroz de 50% a 3%. Haití producía el arroz que se comía, pero hacia 2008 ya importaba 80% del arroz, mientras los precios se doblaban (Oxfam, junio 2008). Las ayudas internacionales, especialmente las de Estados Unidos, a través de USAID, en vez de invertirlas en programas de desarrollo de la agricultura, se gastaron en la importación de arroz norteamericano, empeorando así la situación de los campesinos haitianos, y elevando la dependencia alimentaria de Haití.

Estas acciones y políticas llevaron a la desaparición de los campesinos haitianos y a su expulsión hacia los centros urbanos, sin oportunidades, y obligados a vivir en la miseria más absoluta, privados de las condiciones más elementales de una vida digna.

La nueva idea de desarrollo para Haití por parte de la Naciones Unidas y Estados Unidos era la promoción de la maquila de confecciones y otros productos, con entrada libre de aranceles a Estados Unidos, pagando salarios exiguos, en condiciones de trabajo extremas. (Times, 2009, Haiti: the land where children eat mud) (Vea G. Maya, Francia adeuda 20.000 millones de dólares a Haití, eltiempo.com, febrero 7- 2010).

Clinton confiesa en una entrevista su pecado: “Fue un error y yo era una de las partes. Yo no estoy señalando con el dedo a nadie. Yo lo hice. Tengo que vivir todos los días con las consecuencias de la pérdida de capacidad para producir arroz en Haití y alimentar a esa gente, a causa de lo que hice. Nadie más”. ("We Made a Devil's Bargain": Fmr. President Clinton Apologizes for Trade Policies that Destroyed Haitian Rice Farming, abril 1-2010).

Estos dos arrepentimiento van al corazón de la Tercera Vía, que impone la lógica del mercado a las conveniencias sociales: La desregulación financiera del mercado más grande del mundo arruinó a millones de personas, y hoy tiene en la pobreza y en indigencia a varios millones de estadounidenses que no tienen trabajo o qué comer; y la imposición del libre comercio a un país campesino pobre, que come “galletas” de barro.

Clinton, Blair y el resto de amigos son campeones de Wall Street y del complejo militar-industrial, las dos caras del dinero. La Tercera Vía es la misma vía desde Adam Smith: el capital. Las últimas cuatro décadas han sido una pesadilla para el trabajo. El resto son acontecimientos.