• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alexis Correia

La arracacha en el ajiaco

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Llego a casa después de hacer cola durante 45 minutos donde unos chinos por 4 lavaplatos, y de constatar que 1 kilo de pimentón está costando 150 bolívares, y mi madre me informa que la tarifa de la luz volvió a subir por enésimo mes consecutivo. Me siento a ver un par de grabaciones de La cocina de Babel (sábados en Globovisión, 11:30 am), el nuevo programa de Arianna Arteaga Quintero, que sigue la vocación de su mamá Valentina de convertirse, para el país, en ese coach que no desmaya en tratar de convencer a la muchacha con obesidad mórbida de que puede perder peso sin insertarse un balón gástrico.

Conozco a Arianna Arteaga a través de lo que llaman “redes sociales”. Ni frío ni calor. Pero en la imagen en movimiento, es otra cosa. Es el tipo de persona que impone un estilo sin pretender tenerlo (en su caso, los vestiditos floreados y los zapaticos marrones de exploradora, con unas piernas esbeltísimas de puente entre ambos) y que resulta muy atractiva probablemente de manera descuidada. Infiero, sin leer las notas de prensa, que La cocina de Babel es un espacio de turismo nacional y gastronomía, al parecer centrado en el aporte de comunidades de inmigrantes. Un programa es sobre los colombianos en San Cristóbal y otro sobre los alemanes en la Colonia Tovar, dos lugares en los que este año se ha respirado gas lacrimógeno. Sí, aunque usted no lo crea, hasta en la Colonia Tovar se han reprimido protestas en 2014. Arianna prefiere ser delicadamente atemporal.

En La cocina de Babel uno vuelve a enterarse de la historia de la Colonia Tovar que se ha oído muchas veces, pero vale la pena repasar. En 1843, unos colonos del sur de Alemania desembarcaron en Venezuela con la promesa de que cada familia, al llegar, tendría casa, tierras para cultivar, ganado y aves. Todo era mentira. 170 años después, no hemos cambiado como país. Mientras, descendientes de sexta generación todavía hablan la lengua de Goethe. Gaby Baumgartner, una coloniera con marcado acento, detalla la elaboración de un pan artesanal que ahúma el monitor de televisión. Me pregunto cómo estará haciendo para conseguir los ingredientes. En Caracas, la última vez que supe de un sitio así fue la Saint Honoré de Los Palos Grandes, que ya no existe. Por ahí también se ha respirado mucho gas. Una vez juré que pernoctaría en la Colonia para escribir un manuscrito, aunque mi romanticismo terminó cuando supe lo que costaba una noche en el hotel Selva Negra.

Detesto a los que se ponen a escudriñar el rostro y las extremidades de un bebé para determinar el porcentaje de herencia genética del padre y la madre. No me interesa mucho si Arianna Arteaga Quintero es la “cagadita” de Valentina Quintero o si La cocina de Babel se parece a Bitácora (el nombre no me parece muy inspirado, pues en Globovisión ya hay una Cocinita de Sindy que muchos terminaron asociando injustamente con ausencia de información en momentos de angustia).

En todo caso, Arianna me resulta auténtica, creíble, cálida, despalomada, vaporosa, buena vibra. En su programa encontré turismo y gastronomía, sí, pero también una intimidad familiar que no se consigue simplemente poniendo una cámara ante una mesa, sino que debe ser propiciada, “cocinada” por el entrevistador. Luego de explicar el secreto de la arracacha (apio) en el ajiaco, la mujer de Ramsés Díaz (uno de los impulsores del ciclismo en Táchira) baña sus ojos en lágrimas al resumir el amor de años hacia su esposo: “Yo me sentía llena de él cuando estaba embarazada, y por eso tuve 11 hijos”. Gente que vino en busca de un sueño a Venezuela, que ahora despide a muchos de sus hijos.

Elabore si quiere su teoría de la conspiración acerca de lo que emite el canal 33, pero la familia Quintero sabe de primera mano sobre arbitrariedad en tiempos de revolución. La cocina de Babel es, por lo menos, una cosa por la que vale la pena poner Globovisión.

En Twitter: @alexiscorreia