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Jair de Freitas

Ofensa económica

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Esta semana se especuló mucho con anuncios que serían formulados por el Ejecutivo Nacional en el marco de la Comisión por la Paz en el área económica. Según el presidente de la República esa es la vía para dar “un nuevo y gran salto en la economía” lo cual parece poco recomendable cuando se está en zona rocosa y frente a un gran abismo de colapso nacional. Al final de la esperada transmisión televisiva la conclusión es simple: otro gran pote de humo.

Comencemos por refrescar que no tiene nada de novedoso el planteamiento según el cual hay que superar el modelo del rentismo petrolero, así como tampoco es innovador proponer una política de sustitución de importaciones. Mucho antes que el finado hablara de desarrollo endógeno, en Venezuela se estimuló la producción nacional, se intentó frenar el éxodo rural con reformas agrarias y se apoyó el emprendimiento nacional. Por lo tanto, lo nuevo es que el régimen trata de impulsar la producción a contrapelo de las variables económicas y jurídicas que el mismo se ocupó de construir (v. La Ley Orgánica de Precios Justos).

Los venezolanos tenemos derecho de preguntarnos cuál es el tamaño real de la renta petrolera, porque cuando uno analiza el endeudamiento de Pdvsa y revisa cómo esta ha comprometido buena parte del volumen de producción de barriles diarios del crudo venezolano en múltiples convenios, da la sensación de que a pesar de los precios históricos de los últimos años no son muchos dólares los que ingresan por esa vía. Entonces, cuando se dice en la alocución presidencial que hay que acabar con el rentismo y construir un nuevo modelo productivo la primera pregunta es ¿cuál renta? Luego de ello surge otra cuestión igual de relevante, a saber: ¿es que el cambio del modelo económico rentista no involucra también modificar la distribución del ingreso petrolero, o acaso vamos a continuar con el populismo a toda costa?

El régimen también propuso la reactivación del aparato productivo que el mismo ha golpeado.  Curiosamente pretende hacerlo mediante la flexibilización de las importaciones, es decir, en franco reconocimiento de que la mayor parte de los componentes de materia prima necesaria para lo poco que hacemos en Venezuela viene del extranjero. Sume a lo anterior, que la tasa de cambio que se va a utilizar es mucho más alta respecto de las importaciones anteriores para que la ecuación quede completa: mayor costo de producción = mayor precio del producto final = mayor inflación.

Supuestamente estamos venciendo el modelo rentista capitalista, pero las importaciones de 2013 son de casi 53.000 millones de dólares. Quizás por eso durante la jornada, el sincericidio económico del régimen le llevó también a reconocer que no hay suficientes dólares para pagar las deudas adquiridas en moneda extranjera, luego de lo cual pidió a todos confianza nacional. Pero, presidente: ¿cómo es que un modelo económico socialista que se autodenomina exitoso no tiene con qué pagar?

Recientemente los habitantes de este país hemos experimentado los incrementos constantes en los precios de servicios y bienes (muy especialmente transporte público y alimentos), sucesivas devaluaciones de la moneda local, suspensión de proyectos y recortes del gasto público y un ajuste pendiente del precio de la gasolina insinuado hace meses. Por alguna extraña razón todo esto me recuerda a la receta del Fondo Monetario Internacional que fue tan duramente criticada por el régimen. Mientras todo esto ocurre, arrancan las segundas cruzadas de los precios justos a pesar de la evidencia negativa de los efectos del “Dakazo”. Al mismo tiempo, el beneficio de alimentación fue mutilado por el mal ajuste de la unidad tributaria y el rancho está ardiendo con el salario mínimo. Un régimen que en un año de actuación pasó de 6,3 bolívares a 50 bolívares por dólar americano (es decir, que devaluó en 793,65%) con una inflación de más de 56% no puede hablar de una ofensiva, sino de una ofensa económica.

 @jair_defreitas jair_defreitas_1@hotmail.com