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Gustavo Roosen

120 años

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El pasado 29 de mayo se cumplieron 120 años de la creación de la Cámara de Comercio de Maracaibo (CCM), la segunda de Venezuela, fundada a solo 6 meses de la de Caracas. Hoy, con más de 250 afilados, la CCM mantiene la filosofía de sus fundadores, centrada en el apoyo a la iniciativa privada, la promoción del desarrollo del Zulia y la defensa de una economía sustentada en el ejercicio de los derechos individuales y sociales.

Fiel a sus propósitos de representar, promover y defender los principios vinculados a las libertades económicas, el nombre de la CCM ha estado estrechamente vinculado a los grandes proyectos de la región y, en general, al desarrollo económico, social y cultural del Zulia. En respuesta a su condición natural de promotor de la actividad económica, la CCM mantiene hoy importantes iniciativas como el Centro de Desarrollo Profesional orientado a la formación y capacitación del talento humano, el Centro de Arbitraje y Mediación como alternativa para la solución de conflictos en las actividades comerciales, industriales y de servicios, y el Sistema de Investigación de Indicadores Económicos y Financieros, de gran utilidad para empresarios, investigadores y la población. Desde otra perspectiva de su responsabilidad social, el CCM desarrolla diversos programas en las áreas ambiental, social, cultural y socioeconómica, entre ellos el programa Valores, bandera de lucha por una mejor ciudadanía, y Ser Empresa, unidad de servicios dedicada a promover emprendedores y empresarios mediante actividades de apoyo, capacitación, asesoramiento y consultoría.

La celebración de los 120 años de la CCM es la oportunidad para destacar la importancia que instituciones semejantes a ella tienen para el desarrollo de la economía regional. Desde su condición de asambleas de empresarios de todas las ramas, con una membrecía muy plural, unidas por el sentido de defensa de la región, las cámaras de comercio de cada ciudad se han ocupado del fortalecimiento de la economía regional, al tiempo que han estimulado un estrecho intercambio y cooperación entre ellas y alimentado un legítimo orgullo regional.

Partiendo de la valoración de las ventajas comparativas, se propusieron desde su inicio un modelo de desarrollo basado en el aprovechamiento más eficiente de los recursos endógenos y en la creación de condiciones locales propicias para el crecimiento. Se veían como actores de una política volcada al fomento productivo local y al mejoramiento de la calidad del entorno inmediato. Constituidas como centros de agrupamiento de toda la actividad económica de una ciudad o de un estado, su influencia sigue siendo alta pese al proceso de debilitamiento del sentido regional provocado por el peso de un modelo centralista alimentado por la renta petrolera.

La recuperación de un sentido positivo de la descentralización pasa por el fortalecimiento de las organizaciones empresariales que las representan, debilitadas también por una concentración de representatividad en las instancias empresariales de alcance nacional convertidas en interlocutor necesario del poder político y sujetas muchas veces a los vaivenes de ese poder y a las deformaciones que genera.

Para las organizaciones empresariales, especialmente para las regionales, resulta imperioso fortalecer su vinculación con la membrecía, con los intereses locales, con la generación de estructuras institucionales capaces de influir directamente en el fomento del desarrollo económico regional. La respuesta para ellas no está en la delegación a instancias superiores, sino en la fijación de prioridades y metas, y en la atención a los intereses regionales, a la capacitación y a la formación del talento.

Frente a los riesgos de dependencia que la centralización del poder supone para las organizaciones empresariales solo cabe un mayor esfuerzo de independencia, un reforzamiento hacia dentro, la recuperación de la capacidad de iniciativa, la reafirmación de los principios y valores.

 nesoor10@gmail.com