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Juan Carlos Ballesta

20 años de trip hop

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Hace 20 años el universo de la música pop estaba dominado por el grunge y el britpop, además de los grandes nombres como Madonna y Michael Jackson. Mientras Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y el resto de bandas grunge copaban el interés de buena parte de la juventud americana; del otro lado del Atlántico, Blur, Oasis, Pulp, Radiohead, Primal Scream, PJ Harvey y Suede, entre otras, irrumpían con fuerza en una especie de segunda invasión británica. Ambas escenas acapararon la atención de medios y público joven, pero no era lo único que impactó los oídos y gustos. En paralelo, la música electrónica había explotado y se había convertido por primera vez en un fenómeno de masas, especialmente en Europa.

La invasión electrónica trajo consigo todo tipo de propuestas, desde el frenetismo del techno y el big beat (Underworld, Chemical Brothers, The Prodigy, Leftfield…) hasta el ambient-techno y el IDM (Orbital, Autechre, Biosphere, LFO, HIA…), incluida la “sampladelia” de The Orb o The Future Sound of London.

Al mismo tiempo, en la sureña y multirracial ciudad inglesa Bristol se gestó una de las corrientes más interesantes y representativas del coctel sonoro de los años noventa: el trip hop. En medio de lo mucho que ocurría en aquellos años, las agrupaciones Massive Attack, Portishead y el enfant-terrible Tricky se erigieron como lo más novedoso del momento, echando mano a décadas de música.  

Cuando el debut de Portishead, Dummy, fue publicado en 1994, ya el colectivo Massive Attack había abonado el terreno con su primer disco: Blue Lines (1991), en el que mezclaba soul, hip hop, blues, dub y pop. Sin embargo, Portishead amplió la paleta sonora agregando elementos de jazz, scratches y música de filmes, además de algunos recursos electrónicos como los samples. Las composiciones, pinceladas con atmósferas melancólicas, subvirtieron las estructuras convencionales de la música pop con ritmos y formas hasta ese momento poco exploradas. La crítica especializada acuñó el término “trip-hop” para tratar de definir un sonido con deudas al hip-hop e inflexiones cercanas al blues.

Massive Attack y Portishead invitaban al hedonismo, cada uno con sus particularidades, pero ambos utilizando cadencias de baja velocidad e indudable sensualidad. Tricky, por su parte, abordaba terrenos más opresivos en Maxinquaye (1995) y el disco de duetos, Nearly God.

Se cumplen veinte años de aquella irrupción de Protection (el definitivo segundo disco de Massive Attack) y Dummy (el paradigmático debut de Portishead, ampliamente imitado y nunca superado), a partir de los cuales proliferaron decenas de agrupaciones que intentaban copiar ese sonido. A lo largo y ancho de Europa y América, la rítmica ralentizada y la sensualidad vocal de Beth Gibbons se convirtió en marco de referencia. El trip hop se expandió y así nacieron bandas y proyectos como Hooverphonic, Morcheeba, Alpha, Goldfrapp, Sneakster, Sneaker Pimps, Lamb, Dot Allison, Mono, Shantel, Mimi Goese, Ollano, Tosca, Peace Orchestra y muchos más.

Tras dos décadas en las que el trip hop ha mutado de diferentes formas, aún Portishead y Massive Attack siguen manteniendo su nivel de interés intacto, mientras Tricky, después de un período errático, ha regresado al sonido que lo convirtió en estrella.

A juzgar por el sonido de nuevas generaciones de cantantes y agrupaciones, la influencia del trip hop original sigue presente y muy vigente.

 

@jcballesta

@revistaladosis